viernes, 1 de diciembre de 2017

Yo quería ser Lauren Bacall

Yo quería ser Lauren Bacall. Y no me digáis que eso lo queríamos todas. Ni hablar: unas querían ser Marilyn, otras Ingrid Bergman, muchas Audrey Hepburn, bastantes Katherine Hepburn y hasta algunas Liz Taylor (por aquello de los ojos violetas).
Cayo Largo
No fue una decisión que tomara a tontas y a locas, lo pensé bastante tiempo. No fuera a ser que me pasara como a esa gente que les conceden tres deseos y los malgastan de mala manera. Había que sopesar pros y contras y, una vez hecha la elección, no se podía cambiar. Y no penséis que era una cría cuando tomé esa decisión. Tenía más de veinte años cuando me compré en los traperos de Emaús una falda de pata de gallo que pretendía recordar al traje de chaqueta que llevaba la actriz en Tener y no tener. Creo que el efecto era más bien “look hospiciana de la posguerra”, pero yo lo intentaba.
Creo que esa pasión por ser como ella me entró en unos ciclos dedicados a Humphrey Bogart que organizaban cada verano en un cine de Barcelona con dos pequeñas salas, el Casablanca.
La mirada
Me fascinaban esas películas y cada verano me las veía todas: Casablanca, Tener y no tener, El sueño eterno, El halcón maltés, Cayo largo… No recuerdo que pusieran La reina de Africa, esa era como de otra ventanilla, con otro Bogart muy distinto. Me gustó mucho cuando la vi, pero no la asocio a ese grupo. Dentro de esas películas tenía mis preferencias. El halcón maltés me gustaba, aunque al final siempre me armaba un poco de lío entre todos los malos implicados en la trama. Durante muchos años pensé que la frase “estaba hecha del material del que se hacen los sueños” era original de esta película, pero hace poco me enteré que pertenece a La tempestad de Shakespeare (mi incultura es infinita). Casablanca era la reina, por supuesto, ese Rick tan duro y tierno, esa Ingrid Bergman que parecía brillar como si fuera santa (siempre recuerdo la luz tan especial que tenían esas películas en blanco y negro) y creo que era muy apropiada para ese papel, con esa historia. Desde luego, Lauren Bacall no se hubiera ido con Laszlo que era un lechuguino con cara de ensaimada y nunca hubiera dicho “Tienes que pensar por los dos, por todos nosotros”. No, Mi Lauren decía cosas como: “Si me necesitas, silba. Sabes silbar, ¿verdad Steve? Solo tienes que juntar los labios y soplar”. Mataría por haber dicho algo así alguna vez en.
Si me necesitas, silba
Qué se le va a hacer, son naturalezas o quizás es que vamos por la vida sin que nos escriba los diálogos un guionista y por eso nuestras conversaciones son tan poco lucidas. Tenía diecinueve años la criatura cuando interpretó ese papel en Tener y no tener, película dirigida por Howard Hawks basada en una novela de Hemingway. Bogart se enamoró de ella en el rodaje y se casaron un año después, aunque él le llevaba veinticinco años. Dicen que en el rodaje de esa película estaba tan nerviosa que temblaba y agachaba la cabeza, lo que dio origen a esa mirada que se hizo tan famosa. La verdad es que encarnaba muy bien ese prototipo de mujer fatal, de respuestas rápidas y mirada felina que tanto gustaba a los autores de novela negra. No me digáis que este párrafo de Dasiell Hammett no parece la descripción de la actriz: “Aquellos ojos revelaban que se trataba de una mujer marcadamente felina: Todos sus movimientos eran lentos, suaves, seguros como los de una gata. Las líneas de su bonito rostro, el contorno de su boca, la nariz breve, la forma de sus ojos, la hinchazón de las cejas, todo en ella era felino”.  O esta otra: “era tan bella como Lucifer y dos veces más peligrosa”.
Aquellos besos...
Otra de mis favoritas era El sueño eterno. Y eso que, fácil de entender, tampoco era. Por lo visto ni el propio Howard Hawks sabía quién cuernos mató al chofer. Pero a mí eso me daba igual. Ver a la pareja Bogart-Bacall mantener esos duelos verbales, encender cigarrillos como si fumar fuese saludable y moverse entre el hampa y la clase alta me parecía más que suficiente. ¡A quién le importa quién mató al chofer!
Cayo largo me gustaba menos.  Dirigida por John Houston está basada en una obra de teatro y se nota. Los personajes se pasan la película encerrados en un hotel en Florida a causa de una tormenta terrible. Un grupo de gánsters dirigidos por Edward G. Robinson (uno de los mejores malos de la historia) mantiene prisioneros a los dueños del hotel (Lauren Bacall, una joven viuda de guerra y Lionel Barrymore, su suegro) y a un veterano de guerra interpretado por Bogart. No estaba mal, pero era otro estilo y el papel de mi musa era más soso.
Y luego estaba La senda tenebrosa dirigida por Delmer Daves donde Lauren Bacall ayuda a Bogart, injustamente acusado del asesinato de su esposa.
Son películas que puedes ver una y otra vez sin cansarte. Ellas siguen estando divinas, con ese estilo, esa elegancia… No se necesitan muchos efectos especiales ni inversiones millonarias para conseguir que te quedes atrapado en una historia. Ahora estoy pensando que, ya que nunca conseguí parecerme a Lauren Bacall, debo decidir cómo quién quiero envejecer. Dudo entre Meryl Streep, Helen Mirren o Judi Dench ¿qué me aconsejáis?
El sueño eterno

Laura Balagué (Mona Jacinta)


viernes, 24 de noviembre de 2017

Con la venia, señoría. Dos películas sobre tribunales militares.

Dos pelis, dos, que cuentan las vicisitudes de un consejo de guerra. Dos pelis soberbias sobre la justicia militar norteamericana y sus estirados ritos. Dos pelis que distan en el tiempo treinta y ocho años que tratan actos pasados por tribunales de uniforme cuartelero. El primero “el motín del Caine”, de 1954, sobre las tribulaciones de unos marineritos en un buque de guerra en plena segunda guerra mundial en el Pacífico; otra, “algunos hombres buenos”, de 1992, y el juicio a dos soldaditos de la infantería de marina, AKA “marines”, juzgados a raíz de la muerte de un compañero acaecida en la siniestra base militar de Guantánamo, pedazo de tierra yankee en suelo cubano.

El motín del Caine.

 Cartel de la peli, curiosamente, el prota de la novela ni sale.

Una fabulosa peli de guerra dirigida por Edward Dmytryk basada en una estupenda novela de Herman Wouk. Condensa con mucha solvencia gran parte de la historia novelada. El joven bisoño Willie Keith (El malogrado Robert Francis) se enrola en el dragaminas Caine, donde conoce al cínico teniente Keefer (Fred MacMurray), novelista en sus ratos libres y encargado de transimsiones , al segundo de a bordo, el correctísimo teniente Maryk (Van Johnson) y al capitán del buque, de Vriess.(Tom Tully)
Willie se decepciona un tanto cuando ve que en el barco la tripulación viste desaseada y se alegra cuando el capitán de Vriess es relevado por el nuevo sustituto que es el capitán Queeg (Humphrey Bogart). Queeg resulta ser un tipo raro y puntilloso que acaba teniendo una disputa durante un tifón con el segundo de a bordo, Maryk, a resultas de lo cual Maryk sufre un consejo de guerra.
La defensa del teniente Maryk la asume un brillante abogado, miembro del ejército del aire, el teniente Barney Greenwald (José Ferrer) ácido, sarcástico, duro y sin pelos en la lengua que muestra desprecio por el acto del amotinamiento. Es antológico su discurso una vez pasado el consejo de guerra.

El raruno capitán Queeg (Humphrey Bogart con cara de zumbado)

Los personajes son soberbios y su interacción funciona de maravilla. El papel de Queeg, interpretado por Bogart, es impecable, pero el que brilla con luz propia es el teniente Greenwald, abogado de la defensa, interpretado por José Ferrer en su mejor momento y es que el tío de George Clooney hacía nada que se había llevado el Óscar por su papel de Cyrano de Bergerac y una nominación por hacer de Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge.

El implacable abogado defensor (José Ferrer se come la pantalla)

Cosas curiosas de la peli son el hecho de que el propio Bogart hubiera servido en un buque de la marina en la primera guerra mundial o que Lee Marvin, que aparece de marinero, hubiera sido infante de marina (marine, vaya) en la segunda contienda. El peligro real rozó a Van Johnson ya que estuvo a punto de ser atacado por un tiburón en la escena en la que se tira al mar a recuperar el cable del barredor de minas.

Testimonio esencia para la defensa

Peor suerte tuvo, pocos años después, el jovencísimo Robert Francis, muerto a resultas de un accidente aéreo cuando pilotaba un avión. Tenía apenas 25 años y sólo había rodado cuatro películas, haciendo en todas ellas de militar. Una muerte trágica que no llegó a ser leyenda como la de James Dean.

Algunos hombres buenos:

A Demi Moore la colocan por la cuota de género

El teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) es un brillante abogado recién ingresado en la marina que vive una complaciente vida entre pleitos legales y partidos de béisbol en Washington D.C. al que designan como defensor de dos infantes de marina (marines) acusados de haber matado a un tercer marine en la siempre peligrosa base de Guantánamo.


Kaffee asume la difícil defensa de un caso aparentemente claro. Él defiende al cabo Lawson (Wolfgang Bodison), mientras que la capitana de corbeta Galloway(Demi Moore) asumirá la defensa del soldado Downey(James Marshall). Como ayudante en la defensa cuentan con el eficaz teniente Weinberg (Kevin Pollak).

El informal y autocomplaciente abogado estrella y la ambiciosa y sufrida militar

Así, el curioso equipo de abogados viajan a Guantánamo para instruirse en el caso y, de paso, conocen al feroz coronel Nathan Jessup  (Jack Nicholson), un inquietante militar con el que tienen un desasosegante encuentro.


El equipo de defensores estudia pormenorizadamente el caso cada noche para luchar contra una inminente condena por asesinato, porque entienden que los acusados sólo han obedecido unas órdenes muy explícitas pronunciadas por algún superior que ahora no las quiere asumir.
Y el juicio se desarrolla entre actuaciones del implacable fiscal, capitán Ross (Kevin Bacon), del teniente Kaffee y de las declaraciones de los testigos, entre ellas, las del fanático teniente Kendrick (Kiefer Sutherland) y las del propio coronel Jessup, que engrandece su ego en el estrado  dando un discurso impagable de la cantidad de responsabilidades que tiene encima mientras el abogado defensor se desgañita intentando sonsacarlo.

Kevin Bacon haciendo un secundario fiscal muy aceptable

El papel del abogado defensor parece haberse confeccionado a medida para Tom Cruise. En él despliega todo su irónico encanto y su autocomplacencia. Rob Reiner consigue rodar un film sólido también basado en una novela de Aaron Sorkin. El papel de la mujer en el ejército resulta algo desagradable, la capitana de corbeta Galloway es ambiciosa y tiene que tragar con que no se la tome en serio, hasta ese soberbio fascista interpretado por un genial Nicholson hace un comentario machista en la sobremesa guantanamera insinuando al atildado tenientillo leguleyo algo sobre las placenteras felaciones de una superior.

¡Tú no puedes encajar la verdad! ¡Esta escena es sólo mía, chaval!

He aquí dos buenas películas sobre consejos de guerra, para no dilatarme como una parturienta de trillizas, he dejado a un lado “Senderos de gloria”(1957) de Kubrick, una espléndida historia de trincheras en la primera guerra mundial que cuenta un sonrojante hecho real: Se juzga a unos soldaditos por haber perdido una batalla, como si ellos fueran los culpables de algo que no les competía. También he desechado la inquietante “el sargento negro”(1960) de John Ford, una historia truculenta sobre un consejo de guerra a un afroamericano con galones de suboficial entre los casacas azules, que no es otro que nuestro buen Woody Stroode.

Afinidades y diferencias:

Mientras en el motín del Caine nos encontramos una historia lineal que avanza progresivamente sin dar la vista atrás, en la cinta de Reiner, tropezamos constantemente con el recurso del “Flashback”, donde llega a aparecer hasta el finado marine Santiago y todo. Mientras en la peli del 54 las dos únicas mujeres que aparecen son la madre y la novia del prota, Willie, en la del 92, teniendo asumido que las mujeres acceden al ejército, se incorpora la única y pobre aportación militar femenina que corre a cargo de Demi Moore. Su personaje demuestra tener más ambición que talento y se empeña de buscar la aprobación masculina, tanto de sus superiores, como del estelar protagonista, Cruise.

Esta es otra de las diferencias entre ambos filmes. A pesar de ser películas con unos cuantos personajes de importancia, así como en la peli de Dmytryk, el peso está bien repartido entre todos los actores, en la peli de Reiner el carácter casi histriónico del prota de Cruise parece llevarse todas las miradas. Veamos los abogados defensores; mientras en la peli del Caine el papel del abogado defensor, llevado por un José Ferrer en todo su esplendor, sólo ocupa la última media hora del film, en el caso de algunos hombres buenos, es el papel del abogado el que resulta el protagonista indiscutible, ya que la historia se centra en él, aunque, Jack Nicholson esté casi a punto de devorárselo en las escenas de réplica.



Jack Nicholson es en algunos hombres buenos lo que Humphrey Bogart en el motín del caine, sólo que el personaje del capitán Queeg (Bogart) es un hombre enfermo quien sabe si consumido por la guerra, mientras el coronel Jessup (Nicholson) es un facha despiadado que se refocila en su poder. Lo único cierto es que ambos personajes son incapaces de reconocer un error propio y lejos de enmendarlo, no dudan en dejar que la culpa cargue contra sus subordinados.



Dos películas entre las que median casi cuarenta años, ambas rodadas a partir de sendas novelas. La de 1954 narra una historia acaecida en el Pacífico de la segunda guerra mundial, en la que ni sale el enemigo ni se hace mención de él. La de 1992 habla de un estado perenne de guerra en un trozo de tierra arañado a una isla con soberanía propia, por mucho que les cueste a aceptar a tipos como Jessup. Tampoco menciona al “enemigo” en esta guerra de cartón-piedra.
Dos historias que reflejan la tiranía de la institución jerarquizada del ejército, ya sea la marina o la infantería de marina (marines), que no es lo mismo. Trata sobre la injusticia de obedecer a un superior  para verse abandonado ante un fatal desenlace o bien de cuestionar sus órdenes por parecer suicidas. Dos films, que, a pesar de todo, no son nada antimilitaristas. Ya se sabe lo tremendamente tradicionalistas que son en Hollywood.

Para acabar, hacer mención a la música que se escucha en sendos films. La banda sonora del motín del Caine corrió a cargo del excelente músico de cine, Max Steiner, autor de conocidísimas bandas sonoras tales como la que musicaliza “lo que el viento se llevó”. En cambio, algunos hombres buenos comienza su metraje haciéndonos oír la melodía “Semper fidelis”, lema de la infantería de marina yankee, que fue compuesta por John Philip Sousa, un músico y militar yankee hijo de un sevillano de ascendencia portuguesa. Sousa hijo, aparte de “sempre fidelis” es el autor de otras muchas otras marchas militares, tales como la archiyankee “barras y estrellas” (Stars and Stripes).

 Espero que os haya gustado.

Con la venia, señorías, Juli Gan.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Mae West (2)

Famosa por su apariencia explosiva y sus réplicas ingeniosas, Mae West fue, sin embargo, mucho más que una muñequita neumática y deslenguada. Actriz, cantante, guionista, autora, directora y productora teatral, escenógrafa, diva y maestra de la ironía, permaneció activa durante ¡setenta años! y disfrutó enormemente escandalizando sin parar a los puritanos tiempos que le tocó vivir.

Lee la primera parte de este artículo: Mae West (1)


El escándalo como profesión

Mae West fue una provocadora profesional. En su trabajo disfrutó y se lucró con el escándalo, el lenguaje procaz y los sobreentendidos. Y no lo ocultaba, sino todo lo contrario: alardeó cínicamente de ello en una de sus famosas frases mordaces: “Soy partidaria de la censura; al fin y al cabo, he hecho una fortuna con ella.”

Viene a confirmar esta apreciación una biografía, Becoming Mae West, publicada en 1997, cuya autora, Emily Wortis Leider, califica a nuestra musa de auténtica “empresaria del escándalo” y afirma que practicó durante toda su carrera una explotación muy bien calculada y nada improvisada de la provocación y la polémica.

Su vida privada, en cambio, discurrió por terrenos bastante más convencionales. No fue, por ejemplo, una mujer de muchas parejas sentimentales. De hecho, solo se le conocieron cinco y alguna de las cinco resulta dudosa, así que no es para nada una media elevada en 87 años de vida.

Su primera pareja fue Frank Wallace, un compañero de escena en su época vodevilesca, con el que se casó en Milwaukee en 1911. West tenía diecisiete primaveras y Wallace, cuatro más. West no hizo público este matrimonio, hasta que en 1935 un empleado del registro lo descubrió y lo filtró a la prensa.

Permaneció casada con Wallace durante más de treinta años, que es todo un récord para una vampiresa, aunque, según declaró en el juicio de divorcio, solo habían vivido juntos unas cuantas semanas.

Sería cierto, porque, dos años después del matrimonio, en 1913, conoció a otra de sus parejas, Guido Deiro, un pianista italiano que también era una estrella del vodevil. Algunas biografías de West dicen que se casaron; otras dicen que no, lo cual es verosímil si es cierto lo del otro matrimonio.

Sus otros tres boyfriends fueron William Jones, campeón de boxeo más conocido como Gorila Jones; James Timony, un abogado quince años más joven, que también fue su manager hasta que murió en 1954; y finalmente, cuando ya contaba con 61 años, Chester Rybinski, de 31, que posteriormente adoptó el nombre de Paul Novak. Chester-Paul había sido Míster California y había trabajado con West como hombre-objeto en uno de sus shows en Las Vegas. Estuvieron juntos hasta que West murió en 1980.

Mae West fue, además, una mujer muy familiar. No se decidió a trasladarse a Hollywood hasta la muerte de su madre en 1930, acontecimiento que la dejó emocionalmente muy herida, y en el traslado se llevó consigo a su hermana, su hermano y su padre. West los alojó muy cerca de su apartamento (vivió en el mismo sitio hasta que murió) y les proporcionó trabajo e incluso ayuda económica.

Puesto que cuidó siempre su salud, con estrictas dietas y ni gota de alcohol, ni siquiera murió como las estrellas del cine o del rock, ni joven ni víctima de excesos, sino como la gente respetable, a la venerable edad de 87 años, en un hospital de Los Ángeles, de un derrame cerebral.


El legado de West


Mae West ha dejado una tremenda huella en la cultura popular. Por empezar por, quizás, lo más tonto, empezaré hablando de un chaleco salvavidas que usó el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial y que recibió su nombre por inspirarse en sus pechos; y por seguir por lo más tremendo, recordaré que a ella se debe en buena parte la entrada en vigor del infame código Hays.

Ya en vida de West, los Beatles solicitaron su permiso para incluirla en la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. West en un principio se negó, alegando que ella nunca pertenecería a un club de corazones solitarios; pero, al recibir una carta manuscrita de los propios John, Paul, George y Ringo en la que se declaraban sus rendidos admiradores, acabó cambiando de opinión. Claro, a ver quién no.

Salvador Dalí construyó un surrealista sofá llamado Los labios de Mae West, que se exhibe en su museo de Figueras. Al parecer, sus curvas corporales también inspiraron las del dibujo animado Betty Boop.

De West hablan multitud de canciones, entre ellas algunas de musicales de Broadway de
Cole Porter, y decenas de libros, como, por ejemplo, por citar alguno, Mae West y yo, de Eduardo Mendicutti, pero quizás su mayor legado fueron sus tremebundas frasecitas sarcásticas. Las tuvo por docenas, unas más conocidas que otras; todas están consultables en Wikiquote. Si tengo que elegir alguna, me quedo con esta: “Las chicas buenas van al cielo; las malas, a todas partes”; “a donde les da la gana”, suelo añadir yo, que la utilizo bastante.

A partir de los años 70, la buena de Mae se convirtió en un icono y una referencia para el feminismo, el movimiento gay y la estética drag. En 1995 Ramona Curry publicó Too much of a good thing, obra en la que analiza la influencia de West en el desarrollo de la sexualidad en su relación con la política y la sociedad en el siglo XX.

La directora de cine Catherine Hardwicke diseñó un monumento que fue colocado en la llamada Glorieta de las Cuatro Damas de Hollywood, en el extremo oeste del Paseo de la Fama, a modo de homenaje multirracial a Mae West, Dolores del Río, Dorothy Dandridge y Anna May Wong. Estoy convencida de que nuestra Mae está allí muy a gusto.


Noemí Pastor

viernes, 10 de noviembre de 2017

La magnificencia de los años pasa como las flores


IN THE MOOD FOR LOVE

Deseando amar (título en castellano), es de esas películas en las que resulta muy complicado expresar con palabras toda esa explosión de belleza visual repleta de simbolismo, tan difícil como trasladar un lenguaje poético plasmado en imagen sin emborronarlo ,utilizando una prosa inapropiada que no haga estremecer nuestro preciado músculo cardíaco.

Apetece verla en versión original para impregnarte, embeberte de todos los preciosos detalles que pesan más incluso que los propios diálogos, que la propia historia.

El título en nuestro idioma (raro que me parezcan apropiados) queda exiguo, ya que la película encierra varios conceptos que sobrepasan el deseo de amar. Percibes que la intención del guionista y director es focalizar nuestra atención en el deber de atrapar decisiones en el tiempo antes de que se esfumen como el humo de una colilla mortecina.


Siempre que la vuelvo a ver, hace que aparezca en mi mente la floración de los hermosos sakura japoneses, árboles asociados a la fragilidad y a la transitoriedad de la vida. La historia te conduce por
laberintos que rozan momentos hermosos desde la amargura presente, momentos efímeros y únicos que debemos atrapar con decisión o se pierden como algunos recuerdos. Esta idea Wong Kar-wai la traslada desde la ensoñación y la hace plástica, tangible, utilizando repetidamente escenas parecidas, paralizando el tiempo, reiterando espacios que nos ayudan a prescindir de lo superfluo quedando mágicamente inmersos en lo esencial, en los detalles.

Hay escenas que os enamorarán: se nos permite observarlas desde un lugar escondido, nos convierte en espectadores privilegiados de un presente insatisfecho.




La delicada banda sonora la envuelve, la acaricia en un ambiente delicioso e intimista (Yumeji's theme, o los eternos boleros sonando en la voz de Nat King Cole), permite capturar el tiempo, ralentizarlo, lo convierte visualmente en recuerdo imborrable, impregna la retina con una explosión de belleza, hace de la lluvia una compañera perfecta para sus encuentros, excusas y confesiones, les acompaña en subidas y bajadas de escaleras por callejones estrechos y grises donde la nota de color la ponen los espléndidos vestidos de cuello mao que luce elegantemente Maggie Cheung y delatan la esencia del personaje. Esos estampados con preciosos colores que son símbolo de la vida no vivida entre tanta penumbra y soledad, donde la lectura y el cine son su único refugio.

Resultado de imagen de in the mood for love
Desde el segundo minuto, con ese cruce fugaz de miradas, se activan los cauces del destino que se verá traicionado por una frase de Mrs. Chan: «Nosotros no somos como ellos». Recuerdos borrosos, ensayos y juegos de intercambio de papeles nos relatan la historia dolorosa del futuro que dejan escapar. Ese reloj Siemens nos habla del paso y el peso del tiempo, esas delicadas manos desmayadas en la pared, ese cuerpo frágil abatido y amurullado entre pensamientos, recordando el compromiso, complicidad en los sentimentos, zapatillas usadas que se convierten en rutinas y rituales silenciosos indicadores de la amargura siempre rozando la duda hacia el cambio que los una y libere.




Se ven envueltos en un viaje parecido de forma inconsciente que ella rompe de forma repentina.

La historia se va apagando bajo la melodía de la canción "En pleno florecer" (triste paradoja) que ambos escuchan una vez sentenciada la separación.

La última escena es tan maravillosa como desgarradora: Chow Mo Wang susurra su secreto, casi de forma agónica y lo deja enterrado para siempre entre los muros de un templo camboyano bajo la curiosa y silenciosa mirada de un monje, único testigo.

Y como nos relata la voz en off:
«Él recuerda aquellos años como si mirara a través del cristal de una ventana cubierta de polvo, el pasado es algo que podemos recordar pero no tocar y todo lo que se recuerda es borroso y vago».
                                                                                                          Por Mª Ángeles Lorente




DATOS TÉCNICOS:

Título original: Fa yeung nin wa (In the Mood for Love)

Año: 2000

Duración: 95 min

País: Hong Kong

Director: Wong Kar-wai

Guion: Wong Kar-wai

Música: Michael Galasso

Fotografía: Christopher Doyle, Mark Li Ping-Bing

Reparto: Maggie Cheung, Tony Leung Chiu Wai, Ah Ping, Rebecca Pan, Siu Ping-Lam, Liu Chum, Chin Chi-Ang, Chan Man-Lui, Koo Kam-Wah, Yu Hsien, Chow Po-Chun

Productora: Coproducción Hong Kong-Francia; Block 2 Pictures / Paradis Films / Jet Tone Production

viernes, 3 de noviembre de 2017

Locas de alegría




"La pazza gioia" es el título original de "Locas de alegría" la película italiana que acabo de ver y que me engancha,me emociona,me entusiasma y al momento siento que merecía como poco estar aquí en Zinéfilas.

Paolo Virzì dirigió "La pazza gioia" en 2016 y con ella  en el festival de Valladolid - Seminci, se llevó  la Espiga de oro y el premio del público,al tiempo que  las  actrices  Bruni-Tedeschi y su compañera de reparto Micaela Ramazzotti se alzaron con el galardón a mejor-mejores actriz-actrices.


Virzì es un reconocido cineasta italiano que debutó en el largometraje en 1994 con La bella vita (premio David de Donatello al mejor nuevo director). Es autor también de títulos como Todo el santo día o El capital humano.


La trama de "Locas de alegría" gira en torno a dos personajes femeninos: Beatrice ( Valeria Bruni Tedeschi) y Donatella( Micaella Ramazzotti),ambas se conocen en una institución psiquiátrica  y ambas han dejado atrás experiencias traumáticas y delirantes que les han hecho quebrarse física y/o mentalmente.


A medida que el relato transcurre, nos damos cuenta de que las protagonistas son muy diferentes,casi antagónicas. Beatrice tiene diagnosticado un trastorno bipolar  alternando fases de delirio grandilocuente  con otras en las que cae en un abatimiento absoluto.Ha tenido una gran vida,rodeada de dinero y lujo,pues proviene de una familia pudiente pero su vida entra en declive cuando se enamora del hombre equivocado.Donatella en cambio proviene de un hogar más humilde,su historia viene marcada por un desgarro emocional profundo,que la perseguirá toda la vida.Su depresión la lleva a entrar en un bucle de desamparo,autoagresión e introversión.



Ambas son como dos naves a la deriva,no tienen paz ni seguridad.A ambas los suyos de una manera u otra les han dado la espalda, y cuando se conocen poco a poco se va produciendo una transformación profunda en las dos.Se dan cuenta de que juntas,se complementan y se hacen bien la una a otra.

La película transcurre a medio camino entre el drama  y la comedia.Hay escenas en las que el espectador/a esbozará una sonrisa y otras en las que tal vez no pueda contener la emoción.Como ocurre en la vida,a veces los géneros se entremezclan y se confunden.

 
Tal vez sea cosa mía, pero creo ver guiños en la película a otras pelís pues Beatrice y Donatella por momentos se convierten en "Thelma y Louise" y Beatrice me lleva a recordar a la desquiciada Jasmine de "Blue Jasmine", en la que Cate Blanchett nos dejó un retrato de una mujer absolutamente perdida en un mundo de aparente perfección,donde su propio delirio la protegía de una realidad tal vez insoportable de digerir.



"Locas de alegría" cuenta además con unas actrices secundarias dignas de mención
 , como cita Lucía Etxebarría la señora que hace de madre de Valeria Bruni Tedeschi en la película también es su madre en la vida real.( además de la madre de Carla Bruni) y  algunas de las internas que aparecen en la institución,son también internas en la vida real.


 Ambas actrices protagonistas están soberbias,en mi opinión y lo mejor, la valiosa lección que nos deja la película no sé si intencionadamente en torno al poder de la sororidad, de ayudar y dejarnos ayudar por otras mujeres,de florecer de nuevo en mitad de oscuridad porque incluso privadas de libertad estas mujeres siendo amigas,se empoderan,se significan,se hacen más fuertes.

Una película imperdible,emotiva,por momentos muy triste,por momentos divertida,con un guión extraordinario y un desenlace de ésos que te dejan buen sabor de boca.
¿se puede pedir más?Ya me contaréis,a mí desde luego,me ha encantado.

Un abrazo,
Troyana



viernes, 27 de octubre de 2017

Atta Girl! - ¡Bien hecho, chica! - Las tres edades femeninas en Hollywood

Los cimientos de Hollywood se han removido en las últimas semanas ante el reportaje mostrado en The New Yorker sobre el productor Harvey Weinstein. Su autor, Ronan Farrow, enseñaba a través de entrevistas a diferentes actrices y mujeres en el espectáculo, que detrás de este todopoderoso magnate, padre del indie de Miramax y posteriormente, The Weinstein Company, se escondía un depreador sexual de primer nivel.
 
Weinstein entre Cameron Díaz y Gwyneth Paltrow (acosada por él durante el rodaje de Emma)
Las rasgaduras de la industria del entretenimiento, en un ejercicio algo hipócrita, se han roto en los últimos días, cuando debemos recordar que el cine, desgraciadamente, está lleno de actrices y actores, de todas las edades, que han sido sometido al abuso de sus poderosos mecenas. Todos podemos traer a la memoria lo que sufrió Natalie Wood o Judy Garland, la  vergonzosa grabación de una violación en El Último Tango en Paris por el "arte" según Bertolucci, o los persistentes rumores de  círculos pedófilos, que se muestran en el documental "An Open Secret".

En Zinéfilaz, además de mostrar nuestra repulsa y desgrado en todos estos casos (y otros no mostrados), nos centramos en esta ocasión en la mujer, y aprovechamos para mostrar sus tres edades en Hollywood (o no sólo ahí, lo dejamos al juicio del lector), a través de tres películas muy entretenidas y feministas.

La inocente starlet: El Diablo Viste de Prada (Devil Wears Prada): las starlets atacadas, explotadas, seducidas y rechazadas.

Mucho cuidado con a quien vendes tu alma.

Sinopsis: Andy acaba de salir de la Universidad con muchas ganas de comerse el mundo y triunfar en el periodismo. Finalizará como una becaria más, pero con una gran diferencia: será la asistenta de Miranda Priestly, la directora de la revista de moda más prestigiosa, y la peor explotadora de "oompa-loompas" recién licenciados.

La historia de Andy nos muestra varias cosas importantes cuando se entra en el mundo laboral: la primera es que vas a tener que hacer muchos sacrificios personales si quieres ascender, y segundo, que por mucho que quieras evitarlo, puedes acabar influenciado por el ambiente de trabajo. Esta claro, que nuestra pizpireta protagonista ganará una experiencia que no espera, y que no será compartida por su pareja o amigos, los cuales, la rechazan aunque acepten los regalos que ella les trae; será atacada por sus compañeras, que la ven como una rival y escaladora; por último, su propia jefa la hará pasar por las mayores calamidades, aprovechando su ambición, encontrándose de camino, un conjunto de arribistas que harían cualquier cosa por conseguir el poder que tiene la señora Priestly.



 Miranda no sólo explota a Andy, también ataca su físico o personalidad


También es cierto, que no siempre todo serán momentos negativos y lo más importante, es que pese a la vorágine que la rodea, ¿conseguirá ser fiel asímisma?

El Diablo Viste de Prada podría tacharse de frívola y poco seria, si se compara con lo que se vive en otros negocios, pero en el fondo, las vivencias de Andy, las hemos compartidos todos los que hemos trabajado aunque sea un poquito... Bueno, salvo lo de llevar modelos exclusivos de diseñador o lo de decidir tu destino cerca de las Tullerías de París...esa historia, casi todos, sólo podemos montárnosla en nuestra cabeza.

La trabajadora infatigable: Cómo Eliminar a su Jefe (9 to 5): trabaja, trabaja, trabaja (y que no se lleven tu recompensa duramente ganada).

Jane Fonda, Lily Tomlin y Dolly Parton cumplen sus fantasías laborales con Dabney Coleman
Sinopsis: Judy vuelve al mundo laboral tras su divorcio, conociendo a Doralee, la explosiva secretaria de Franklin Hart Jr, y a la responsable Violet, que es quien realmente coordina la oficina que debería organizar Hart.

Este film es una de las películas más gratificantes sobre el poder femenino en el mundo laboral. Aunque ver un oficina llena de máquinas de escribir y sin móviles puede resultar un poco de otros tiempos, la historia que nos cuenta, no lo es en absoluto. Las mujeres retratadas por las protagonistas y el resto del elenco, tienen un eco demasiado real como para no sentirlo cercano, ya seas mujer u hombre. Mientras, el personaje interpretado divinamente por Dabney Coleman, el "sexista, egoísta, mentiroso, hipócrita beato" de Franklin Hart Jr, es un resumen del poder más retrógrado.

Primer día en la oficina, ¡cuidado!

Nuestras tres protagonistas se convierten en íntimas tras haber sufrido varios disgustos laborales debido a su jefe y a otros miembros de la oficina. Esta alianza general, se afianzará por un pequeño incidente que tienen con el hombre que es la fuente de todos su males. Pero como son "mujeres listas", se enfrentarán al inconveniente con la mejor "arma de mujer": el cerebro. Esto llevará consigo unas situaciones hilarantes y de verdadero empoderamiento. La escena del sueño de qué harían con Franklin si pudieran ser guionistas de sus vidas, es realmente impagable (dejamos a continuación sólo la parte de Doralee, así que cuidado):

Se comparte algo psicotrópico con las amigas y...


Realmente una comedia maravillosa, pues es una fantasía de venganza, no sólo contra un machista egocéntrico, sino, contra todos aquellos jefes inútiles que lamentablemente nos podemos encontrar en nuestra vida. Verdaderamente de visión obligatoria.

La diva olvidada: El Club de las Primeras Esposas (First Wives Club): somos restos


No te quedes con las ganas, quédatelo con todo (*)
Sinopsis: Tres antiguas amigas se reunen en el funeral de una cuarta, que había sido la más exitosa de las todas. Al ponerse al día, se dan cuenta de que sus vidas se parecen más de lo que creen, especialmente, respecto a sus maridos, que las están reemplazándo por mujeres más jóvenes. Es entonces, cuando la venganza comienza.

Lo diste todo, dejaste tu carrera, criaste a sus hijos, hiciste lo que te pedían, y en el último momento, es cuando te dicen que te retires y no molestes. Tres mujeres, una actriz en declive, una ama de casa, y una profesional que niega sus problemas, en busca de su propia libertad. Deberán aceptar sus flaquezas, ver que no son tan diferentes y trazar su plan contra aquellos que las han relegado a un segundo plano: sus ex-maridos. Y todo esto, no se hace desde revancha más amarga, si no que se nos regala, con una maravillosa comedia llena de rostros conocidos, con la que no se puede parar de reir.


Como muestra esta escena, donde van a espiar el nidito que tiene Dan Hedaya, el marido de Bette Midler, con su amante, Sarah Jessica Parker; una muestra delirante de lo que se puede encontrar en la película.

Los planes no son tan sencillos como parecen y las huidas son necesarias ;)

En este Club, la revancha no es sólo un motivo para hundir a aquellos que las habían desposeído de sus sueños y valía, o de aquellas arribistas que pretender ser las "Segundas Esposas", es volver a recuperar el control de sus propias vidas, de dejar de ser sombras de un manipulador emocional, un vendedor en la crisis de los 40/50, o de un aprovechado director de cine. Ahora son ellas las que deben dar el "cante", y como muestra, sólo hay que ver la escena final.

El trailer, por si no estábais convencidos

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Así pues, en momentos tan amargos, donde parece que el feminismo, y alzar la voz y pedir respeto, no están de moda, únamonos a las grandes mujeres de estas películas, desde la mayor de las sonrisas y veamos que no somos simples "atta, girls" (buenas chicas), si no, que somos mujeres de verdad y hay hombres que nos apoyan. Y siempre, desde el mejor humor, que eso siempre ayuda mucho más.

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Nota sobre el título: Atta girl! que se dice en Cómo Eliminar a su Jefe, es una expresión estadounidense que significa "¡bien hecho, chica!".

Créditos:
- Devil Wears Prada (2006) de David Frankel. Con Anne Hatthaway, Meryl Streep, Stanley Tucci, Emily Blunt, Simon Baker y Adrian Grenier.

- 9 to 5 (1980) de Colin Higgins. Con Jane Fonda, Lily Tomlin, Dolly Parton, Dabney Coleman, Sterling Hayden y Elizabeth Wilson.

- First Wives Club (1996) de Hugh Wilson. Con Goldie Hawn, Bette Midler, Diane Keaton, Maggie Smith, Sarah Jessica Parker, Bronson Pinchot, Dan Hedaya, Victor Garber, Stephen Collins, Stockard Channing,  Marcia Gay Harden, Elizabeth Berkley  y Timothy Olyphant (¡vaya elenco!)

(*): frase pronunciada por Ivanka Trump sobre su exmarido, el conocido Donald, en un cameo de la película. Se ve al final del trailer.

Carmen

viernes, 20 de octubre de 2017

El gran carnaval

“El público nunca se equivoca. Un miembro individual del público puede que sea un imbécil, pero si juntas a mil imbéciles en la oscuridad tendrás a un genio de la crítica”.

El que se equivocó fue Wilder (ya lo pone en su lápida: “…nadie es perfecto"): mil imbéciles, si se sienten juzgados, pueden ser implacables con una película, por muy buena que sea. Eso fue lo que pasó con Ace in the Hole (1951) que, siendo una gran película, se convirtió en un fracaso de taquilla debido a unas causas muy interesantes de analizar.

Entre 1938 y 1950, Wilder había formado un gran equipo con el guionista y escritor Charles Brackett. Primero crearon guiones maravillosos para directores como Lubitsch (La octava mujer de Barba Azul o Ninotchka)  o Howard Hawks (Bola de fuego) y, más tarde, cimentaron juntos la carrera de Wilder como director, colaborando en los guiones de todas las películas que dirigió, desde El mayor y la menor hasta El crepúsculo de los dioses, con la única excepción de Perdición, en la que Brackett se negó  a participar porque encontraba  la historia excesivamente sórdida. Con El crepúsculo de los dioses volvieron a ganar un Óscar al mejor guion (ya habían ganado otro por  Días sin huella)  y perdieron su amistad.

Es de suponer que la ruptura de una fructífera relación de 12 años pesó en Wilder; quizás  significó para él una especie de punto de inflexión que le llevó a buscar el tema de la primera película que hizo tras la ruptura en su propia experiencia personal, porque Wilder, antes de emigrar a Estados Unidos huyendo de los nazis, había iniciado su vida laboral como reportero.

Efectivamente, Wilder había trabajado en Austria y Alemania como cronista deportivo y de sucesos. Su recuerdo de aquella etapa profesional no era bueno: “También hice reportajes de sucesos. Era un trabajo sucio… Tenía que levantarme a las cinco, coger el tranvía e ir a casa de los padres del asesino para pedirles una foto de su hijo, o visitar a alguien cuya mujer había perecido en un incendio. Era muy embarazoso”.

Este espíritu, muy crítico para con la prensa sensacionalista, es el que aparece en El gran carnaval (también emergerá, mucho más atemperado por la ironía y el humor, en Primera plana, de 1974).

Wilder ya había demostrado que no temía elegir temas complicados: el alcoholismo, el asesinato, la mezquindad de la industria cinematográfica… pero en Ace in the Hole se enfrentó a dos fuerzas enormes: el gremio periodístico y el público norteamericano. Ambas, unidas, convirtieron a la que es una excelente película, aunque no sea la mejor de Wilder, en un fracaso de crítica y taquilla en Estados Unidos, no así en Europa donde consiguió  el Premio del Festival Internacional de Cine de Venecia 1951.
La historia, como es característico en el cine de Wilder,  se cuenta con sencillez y economía de alardes técnicos; eso sí, utilizando el set más grande no bélico construido hasta el momento. La película tiene  un gran realismo, un toque documental favorecido  por la participación como guionista del periodista Lesser Samuels.

Esa es una constante en el cine de Wilder: la importancia del guion. Él lo expresaba muy claramente: “Lo más importante es tener un buen guion. Los cineastas no son alquimistas; no se puede convertir un excremento de gallina en chocolate”.

Chuck Tatum (Kirk Douglas) es un periodista que llega a Albuquerque, en el Estado de Nuevo Méjico, tras haber perdido su trabajo en Nueva York por culpa de su afición a la bebida y a las mujeres. Con su coche averiado y sin dinero, utiliza toda su labia para conseguir  trabajo en el modesto  periódico local, “Sun Bulletin”:

Charles Tatum (K. Douglas): “Señor Boot soy un periodista de 250 dólares a la semana. Se me puede contratar por 50. Conozco los periódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, imprimirlos empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45”.

Al cabo de un año de periodismo rutinario, Tatum está desesperado por “morder a ese perro”… por cazar una noticia que le permita volver a la gran ciudad y al gran periodismo.
En esta situación, su jefe, el mencionado Sr. Boot,  le encarga cubrir una noticia local en las afueras de la ciudad. Camino del lugar, Tatum se entera por casualidad de que un hombre, un tal Leo Minosa (Richard Benedict), que regenta un motel de carretera con sus padres y esposa,  ha quedado atrapado en una cueva mientras buscaba restos indígenas.

A Tatum, la curiosidad le hace entrar en la cueva y contactar con el atrapado Minosa. Inmediatamente, la situación le hace pensar en William Burke Miller “el reportero que entró (en una cueva) en busca de la noticia y salió con el premio Pulitzer”.

Efectivamente, Miller fue un periodista que, realmente, ganó el Pulitzer al cubrir el caso de Floyd Collins, quien, en 1925, murió  tras dos  agónicas semanas atrapado en la Mammoth Cave, en Kentucky. Las labores del fallido rescate congregaron a una multitud, a un “gran carnaval”, en torno a la cueva y fueron seguidas con inmensa expectación en todo Estados Unidos.

Y Tatum se dispone a “cazar” la ocasión de lograr el reportaje de su vida. A cualquier precio. Incluso al de alargar a días un rescate que podría hacerse en unas horas…

Para que Tatum consiga sus propósitos de alargar innecesariamente la situación debe contar con la complicidad de una serie de personajes: de la mujer de la víctima, una muy acertada Jan Sterling (el papel le valió el National Board of Review de 1951 a la mejor actriz) como mujer fría y calculadora;  del corrupto sheriff Gus Kretzer (también estupenda interpretación la de Ray Teal), al que Tatum, sin gran esfuerzo, convence de las ventajas que para su reelección tendrá alargar el calvario de Minosa; del contratista que lleva a cabo las labores de rescate  (Frank Jacquet), que también se presta a los manejos del periodista para así asegurarse los contratos municipales; hasta el muy joven aprendiz de fotógrafo, interpretado por Robert Arthur, cae inmediatamente bajo el influjo de Tatum y de su propia ambición.
Unos personajes todos que sirven para mostrar un amplio repertorio de miserias humanas: la despiadada ambición profesional, el afán de dinero, de poder político, la cobardía… Esa es la principal peculiaridad de esta película de Wilder: que la acritud de la crítica que realiza no queda suavizada en ningún momento por el humor, como suele ser habitual en el resto de su filmografía.

Aquí, al contrario que en las mayorías de las películas de Wilder, no hay ni un solo personaje por el que el espectador pueda sentir simpatía. Sólo la víctima, refugiada en su patético, por ilusorio, amor conyugal; sus padres, ella sumida en la religiosidad y él en el estupor;  y el director del periódico local, no son unos canallas. Aquí no hay, como en otras películas del director,  sorpresas en cuanto a la personalidad de los personajes: no hay buenas personas que encubran rasgos de villanía, ni villanos con rasgos de nobleza. Los canallas lo son de principio a fin.
La máxima conmiseración la provocan los padres, porque el espectador sabe lo que ellos ignoran: que el hombre al que tan agradecidos están por lo intentos que, ellos así lo creen, está haciendo por salvar a su hijo, en realidad está prolongado cruelmente su agonía. Este es, precisamente, un juego habitual de Wilder, hacer partícipe al espectador de detalles fundamentales de la historia ignorados por algunos de los personajes claves.

Cuando el otro único personaje decente de la historia, el director del periódico, llega al lugar del suceso para intentar controlar la actuación de Tatum, se cruza este mordaz y esclarecedor diálogo entre ambos:

Charles Tatum (K. Douglas): “Si hace falta hacer un trato con ese sheriff corrupto..., por mí, bien. Y si tengo que aliñarlo con una maldición india... y una esposa con el corazón destrozado... por mí, bien”

Jacob Q. Boot (Porter Hall): “Por mí, no. Eso es un periodismo falso e injusto, eso es lo que es”

Charles Tatum: “Injusto no, es un periodismo que llega a las entrañas, Sr. Boot. Interés humano”.

Jacob Q. Boot: “Ya me ha oído, falso”.

Porque si para Boot la máxima periodística debe de ser “Tell the Truth” (“Di la verdad”), tal y como figura en un cuadrito colgado en su redacción, para Tatum lo es, por encima de cualquier consideración moral,  satisfacer la curiosidad humana, que él explica de la siguiente manera:

“Coges un periódico, lees algo sobre 84 personas o 284 o un millón, como en las épocas de hambre en China. Lo lees, pero no te afecta. Una sola persona es diferente; completamente diferente. Eso es la curiosidad humana. Alguien completamente solo. Lindberg atravesando el Atlántico…”

Y en torno a la cueva donde Minosa permanece solo, innecesariamente atrapado, se organiza el gran carnaval: miles de curiosos ansiosos de exacerbar sus sentimientos con la tragedia ajena; atracciones y mercadillos para que éstos pasen el rato y gasten su dinero; periodistas llegados de lejanas redacciones porque la noticia, hábilmente gestionada por Tatum, se ha convertido en nacional… Incluso se cobra la entrada al enorme reciento donde se especula con la desgracia humana, y el precio va subiendo al compás de la expectación de la masa por el destino del desgraciado Minosa.

Y esa masa humana, ávida de sensaciones, es personalizada por Wilder en la pareja que, con sus dos hijos y en su auto caravana, son los primeros en llegar al espectáculo, como reivindicarán más tarde (un detalle curioso: el cabeza de familia, un vendedor de seguros encarnación viva del “estadounidense medio”, pertenece a la compañía Pacific All-Risk la misma que Wilder uso en Perdición). Y esa masa humana, tan crudamente retratada como  cómplice de la prensa, al convertir la desgracia de Minosa en producto de consumo, será también la que después no perdone a Wilder en la taquilla verse reflejada tan rigurosamente.
Kirk Douglas realiza una de sus mejores interpretaciones (y eso es mucho decir de un actor que realizó muchas a lo largo de su dilatada carrera), a  pesar de que, tal y como cuenta en sus memorias, El hijo del trapero, en su opinión: “mi personaje de Ace in the Hole era extremadamente brutal”, y por ello le dijo a Wilder:

K.D. -Billy ¿no te parece que debería hacerlo un poco más blando, algo más simpático, para volverlo comprensivo al público?

B.W. - Interprétalo con la mayor brutalidad posible. Desde el principio.


Y Kirk obedeció impecablemente a Wilder y se convirtió en la personificación de la ambición sin escrúpulos; del hombre al que cuando, ya muy tardíamente, le recorra un ramalazo de remordimiento, no se cuestionará a sí mismo, sino que volcará toda su ira en otro personaje igualmente despreciable, la esposa (y tanto se metió Douglas en el papel que estuvo a punto de estrangular realmente a Jan Sterling en la escena en que su personaje intenta ahogar a Lorraine Minosa). Tatum llegará, incluso, llevado por su desmedida ambición,  a intentar convertir ese arrepentimiento suyo final  en la gran crónica de su vida.
Pero eso sí, Douglas, que también era ambicioso en cuanto a su carrera, a pesar de la gran opinión que le merecía Wilder, “Disfruté trabajando con Billy Wilder. Es un director brillante, un escritor lúcido y un prolífico narrador de anécdotas”, rechazó al año siguiente la proposición de volver a trabajar con él en Stalag 17 (Traidor en el infierno), porque temió las consecuencias que pudieran tener para su carrera el volver a interpretar a otro personaje despreciable. Kirk comenta en su autobiografía  “No comprendí lo que sería capaz de hacer Billy con la película. El papel lo interpretó Bill Holden y ganó un Óscar. Me quedé mudo”.

Douglas y Wilder no volvieron a trabajar juntos, a pesar de mantener la amistad nacida durante el rodaje de El gran carnaval.

Sobre el fracaso de la película, Kirk opinó: “Creo que Ace in the Hole es una de las mejores películas de Billy Wilder. Fue un éxito en el resto del mundo, pero en Estados Unidos no iba nada bien, por lo que la cambiaron el título y paso a llamarse The big Carnival.  A mi juicio la falta de éxito se debió a la prensa… A los críticos les encanta criticar, pero no les gusta ser criticados. Además, Billy Wilder estaba transmitiendo el siguiente mensaje al público en general, al hombre de la calle: “Estos sois vosotros, los que os detenéis a contemplar los accidentes”.

Por su parte,  Wilder consideraba que el motivo del fracaso de la película era que el verdadero malvado, más que Tatum, era el público que demandaba sensacionalismo para alimentar su morbosa necesidad de sensaciones: “Nadie quiere verse a sí mismo en el papel de malvado. ¡Cómo se puede atraer a la gente al cine, a contemplar un espectáculo, cuando se le está echando en cara las bestiales consecuencias que puede tener el afán de espectáculo".


En definitiva, la película fracasó porque no cumplió el objetivo que, para el mismo Wilder, debía de tener el cine: “Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces, el cine ha conseguido su objetivo”.

El gran carnaval, en cambio, lo que hace es que el espectador no olvide en ningún momento las miserias de la condición humana. Por ello, el gran Wilder, que a lo largo de su carrera ganó seis Óscar y recibió 21 nominaciones, pagó la arriesgada apuesta que hizo con esta película con el primer fracaso comercial de su carrera.

 

Yolanda Noir