viernes, 19 de enero de 2018

BLACK MIRROR T4





Black Mirror 4ª Temporada

Me preguntaba si dentro de nuestro blog,alguna vez habríamos hablado de una serie que ha marcado un antes y un después en las series de TV.Revisadas nuestras publicaciones sobre series TV,compruebo que no,así que tal vez ha llegado el momento de debatir sobre Black Mirror.

Black Mirror es una serie británica (2011-2017). que consta de 4 temporadas.Los géneros sobre los que navega son: thriller,drama,ficción y terror.
Su creador Charlie Brooker,nos muestra en cada episodio(cada uno de ellos es independendiente y no sigue una correlación temporal) una sociedad en la que la tecnología ha tomado el mando y el ser humano se ha convertido es una víctima de su propia "evolución" aunque en ocasiones,bien podríamos llamar involución.

¿por qué nos gusta tanto Black Mirror?
 no hay sólo dos razones,pero se me ocurre que entre otros motivos,porque es:

- Inquietante.......en una era,la nuestra,donde la tecnología y las redes sociales cada vez ocupan un papel más relevante en nuestro día a día,resulta perturbador asomarse al futuro que muestra la serie,en el que las máquinas de alguna manera han tomado el control,las redes validan o invalidan a la persona,los robots a veces son sustitutos de los humanos y en el peor de los casos,enemigos,los juegos virtuales pasan fronteras y nosotros,somos a veces,peones de un tablero de ajedrez en el que por supuesto,no se nos ha arrebatado el papel protagonista.

- Crítica.....Black Mirror nos hace reflexionar y tomar conciencia en torno a cuestiones de carácter ético,nos plantea dilemas morales y nos deja una galería de imágenes e situaciones donde la libertad individual se pone en entredicho.....lejos de una utopía nos deja una dispotía donde la felicidad parece ser una ilusión más, aunque bien es cierto,que existen algunos capítulos en los cuales deja abierta una rendija a través de la cual vislumbrar un halo de luz.

¿con qué capítulos me quedo de esta 4ª Temporada?

Aquí no tengo ninguna duda cuando me decanto por el 2 y el 4.


Arkangel.....capítulo 2.....con guión de  Charlie Brooker y  dirección de Jodie Foster.



Si tuviera que darle una puntuación de o a 10, le daría un 9.

Nos deja a través de la historia de una madre y su hija de 4 años,una reflexión más que perturbadora acerca de la sobreprotección que muestran los padres hacia sus hijos y sus terribles posibles consecuencias.Marie haría cualquier cosa para proteger a su hija. Cuando se crea un dispositivo que hace justo eso, es difícil que se resista.

Fantástica puesta en escena de una ficción que nos parece lejana e improbable pero que sin embargo bien nos vendría reflexionar en tanto en cuanto todos conocemos "padres y madres helicópteros "que sobrevuelan la ratio de sus hijos y antes de que encuentren un obstáculo,ellos ya les están allanando el camino.Es tanta la necesidad de control y falsa seguridad en torno a la vida de sus hijos,que en ocasiones no reparamos en el daño que esta actitud les puede acarrear a ell@s y por supuesto a sí mism@s.¿qué pasaría si una aplicación nos permitiera gestionar los "peligros" que pudieran dañar a nuestros hijos???...


Black Mirror lo refleja de forma brillante como pocas veces lo hayamos visto con anterioridad en televisión.Nos ofrece una visión oscura y terrorífica de una madre obsesionada por estar al control y una hija que vive sin miedos,sin estar expuesta a una realidad que es como todos sabemos,llena de caro-oscuros,pero al fin y al cabo,la mejor maestra.
En el reparto encontramos a  Rosemarie Dewitt ('Mad Men') interpreta a Marie (la madre), Brenna Harding ('A Place to Call Home') a Sara (15 años de edad) y Owen Teague ('Bloodline') a Trick (19 años de edad).

En una palabra,este capítulo,que está rodado en Toronto, es IMPERDIBLE.

Episodio 4x04 - Hang the DJ




 Frank y Amy se han suscrito a un sistema de citas en el que podrán conocer desde el primer momento como será su relación.


Éste es el punto de partida de un episodio a mi modo de ver excepcional( Muchos dicen que este episodio es el San Junipero de la anterior temporada, de este año,),ya que nos deja la visión de un mundo donde las relaciones románticas están dirigidas por un sistema operativo.
Las personas solteras son citadas en función de su grado de compatibilidad y a partir de ahí tienen estipulada una fecha de caducidad.Esa  aplicación para encontrar pareja es tan poderosa como para calcular de antemano el tiempo que durará cada relación y establecer en ella unas normas que los implicados han de acatar obligatoriamente



Es asombroso cómo en este mundo distópico la voluntad personal ya no cuenta,el individuo vuelve a convertirse en un número, un elemento pasivo que se limita a seguir instrucciones de un "hermano mayor" que sabe de antemano mejor que él mismo,lo que le conviene o no hacer.
La pregunta que dejo en el aire es :¿ y si el sistema operativo se equivocara??

Este episodio es escalofriante,igual que "Arkangel",porque da la sensación que ya no hay cabida para la libertad individual.

En el reparto tenemos a Georgina Campbell ('Broadchurch'), Joe Cole ('Peaky Blinders'), George Blagden ('Vikingos') y el episodio está rodado en Reino Unido.


En resumen,Black Mirror es más recomendable y si os adentrais en la Temporada 4,recordad,los episodios 2 y 4 son la crême de la crême.

Feliz fin de semana

Troyana.



viernes, 12 de enero de 2018

Quería que fueras tú. Quería tantísimo que fueras tú - Reflexiones sobre la comedia romántica

Hace algunos años, una compañera de universidad, tras oírme hablar sobre la escritora inglesa Jane Austen, y ver que le había dejado la serie "Orgullo y Prejuicio" a un amigo común, decidió leerse la novela del mismo nombre. Cuando menos me lo esperaba, me lo comentó, añadiendo con una cara que rondaba entre el sarcasmo y el desprecio:

"No me gusta. Es en como todas las comedias románticas: chico conoce a chica. Se detestan. Luego se enamoran. Nada nuevo."

via GIPHY - Mi reacción, en serio...

Era curioso que hablara de una novela de hace casi 200 años en aquel entonces, restándole la originalidad propuesta por Miss Austen. Quizá, la escritora inglesa no hubiera inventando nada nuevo (ejem, admiraba mucho a Shakespeare, ejem), pero había creado de una manera más o menos oficial, la primera versión, en forma escrita, de la comedia romántica actual, entre las muchas virtudes de su obra. Y este esquema se repetiría con mejor o peor fortuna en el medio cinematográfico.

No pretendo en este artículo hacer un compendio sobre la historia de la comedia aderezada con gotas de amor, pero haré un pequeño comentario sobre algunos de sus títulos, que estoy segura que comenzaron en los orígenes del cine. Sólo resta decir, que antes de adentrarnos en esto, quiero dejar un par de reflexiones sobre el género, que van en su título y hacen que se miren de reojo en nuestro cínico momento posmoderno:

- Comedia: muestra el mundo bajo un prisma de color, de forma que, subjetivamente, provoca la risa con diferentes medios. Y crear la carcajada del público suele ser más difícil que conseguir su llanto.

- Romántica: exaltación de los sentimientos, y en esto, cada uno tiene los suyos, por lo que se necesita la complicidad con el espectador.

Y para más inri, las comedias románticas suelen tener lo peor que algunos piensan: ¡TIENEN FINAL FELIZ!



via GIPHY - ¿Quién lo iba a decir?

Sí, salvo alguna contada excepción, estas películas, como las obras de la escritora inglesa, anteriormente citada, suelen acabar bien, con los enamorados juntos, algo que para algunas personas cínicas y serias, puede ser el final más triste de una película. Yo, por mi parte, cuando me acerco a una comedia romántica, ya sé lo que me voy a encontrar, y lo único que pido, es que historia y personajes sean tratados con sencillez, inteligencia, humor fino y que no se me tome el pelo.

A continuación, cito algunas comedias de este tipo:

- En el cine mudo, las comedias románticas derivaban directamente de obras de vodevil, pero resultaban difíciles de trasladar debido a la falta del medio hablado, o el posible exceso de cartulinas con texto. Cuando llegó el sonido, llegaron multitud de obras de este estilo, con divertidos y chispeantes diálogos, creando la famosa "screw-ball comedy". En estas películas, según se mire, o prima la comedia o bien el romance. Del primer tipo, tenemos "Bringing up baby", "Ninotchka", y del segunda, joyitas como "The Shop Around the Corner", "The Philadelphia Story" o "It happened one Night".


- Con el paso de los años, e influenciada por la sociedad del momento, Hollywood continuó haciendo delicias románticas, que en su mayoría acentuaban el papel de la mujer por y para el matrimonio, y su partenaire masculino, como un "macho" proveedor, que sucumbía y no tenía una inteligencia muy despierta (como ya sucedía, entonces y ahora, es un género de mayoría femenina, y se buscaba la complicadad con las mujeres, de este modo). De esa clase de films, tenemos a una insistente Eleanor Parker con Robert Taylor en el western "La Novia Salvaje" (Many Rivers to Cross) o Shirley McLaine en "Todas las Mujeres Quieren Casarse" (Ask Any Girl).


- Pero en los años 50, hubo autores que mostraban una historia de amor de una forma un poco más subversiva, como la de las buscafortunas de "How To Marry a Millionaire" o "Gentlemen Prefer Blondes", o cualquiera del genio de Billy Wilder, que nos trae delicias (alguna agridulce en el planteamiento clásico) como "Sabrina", "Ariane", "7th year Itch", "The Apartament", o "Irma, la Douce". Si las habéis visto, no siguen el patrón habitual, no muestran en algún caso a la protagonista como casta y pura, o incluso, no sabemos si hay boda al final.


- En 1959, se unió el trío, sí trío, que más definió la comedia romántica con sus tres películas: Doris Day, Rock Hudson, y sí, Tony Randall. Los tres films: "Pillow Talk", "Lover, come back" y "Send me no flowers". Las dos primeras son casi calcos, y muestra a una mujer independiente pero sin suerte en el amor, extremadamente trabajadora, caer en las redes de su zangano partenaire, que acabará también cayendo en los lazos amorosos de la protagonista...y nuestro tercer vértice, será siempre testigo de los hechos, provocando también las carcajadas. En la tercera película, se cambia algo la fórmula, pero la frescura sigue ahí. Simplemente os las recomiendo, aunque teniendo en cuenta que la corrección política actual puede chocar con las reglas de aquel momento, pero no con la inteligencia que se desprende en los diálogos.


- Supongo que el pop de los 60 y el sentimiento de los 70 nos trajo más obras cómico-amorosas, pero yo ya me muevo hasta los años 80 y principios de los 90, donde la fantasía inunda la pantalla y nos llegan maravillosas historias como "The Princess Bride" o "The Groundhog day". Pero volviendo a historias más "reales" hay que quedarse con "Moonstruck", donde la protagonista debe luchar contra su familia, su barrio, y por supuesto, contra ella misma, y como no "When Harry met Sally", de la especialista Nora Ephron.


 - "When Harry met Sally", no sólo funciona porque tuviera a la novia de América del momento (Meg Ryan), o al popular Billy Crystal, o a la famosa escena del sandwich orgásmico, es maravillosa porque retrata de una forma vívida, todo lo que pedimos en una comedia romántica, pero desde un punto de vista muy real, con el cual, aunque hayan pasado más de 30 años, te puedes seguir identificando. La confesión final es una hermosísima declaración, y una lección de que por mucho  que insistamos, debemos ser sinceros con nosotros mismos y nuestro corazón.

 
- Nora Ephron seguiría regalándonos joyas en los 90, como "Sleepless in Seatle" o el remake de "The Shop Around the Corner": "You've got mail" (el título de esta entrada recoge una cita de esta película). Pero los 90, es que fueron muy fecundos en este género, desde su versión de adaptaciones literarias ("Much Ado About Nothing" de Branagh, "Clueless", "10 Things I hate about You"), hasta la de las comedias amorosas que ya son clásicos ("While you were Sleeping", "Notting Hill, "4 Weddings and a Funeral"). Es curioso, pero Working Title, productora inglesa, se llevaría la palma en este género con modificaciones transgesoras de la fórmula, pues aparte de Notting Hill y 4 Weddings, también traería "Bridget Jones's Diary", "About a Boy", "High Fidelity", o el considerado culmen del amor, "Love Actually". En cualquier caso, el patrón que se repite es Hugh Grant, que sacaría dinero de sobra para la universidad de sus hijos, que en aquella época ni se planteaba en tener...



- A partir de esa época la inundación de obras de este tipo es enorme, y la corona de "Novia de América" pasa de Meg Ryan a Sandra Bullock, Jennifer López, Katherine Heigl, Kate Hudson o la siempre permanente Julia Roberts. La calidad de las obras "rosas", casi chick-lit en movimiento, va decayendo, y las películas se vuelven más repetidas, copias unas de otras con poco que aportar, salvo excepciones, que para mi gusto pueden ser "Two Weeks Notice", "Music and Lyrics", "27 dresses" o "Austenland" (que se burla, de forma muy inocente, de los fans de este género, y en especial de las de Jane Austen). Todas las que cito, provocan una sensación de felicidad al terminar su visionado, incluso si sus protagonistas no son perfectas, algo también que se perpetúa en este género y que provoca la complicidad con el público, siempre y cuando, no lleguen al extremo de cargante.





- Y en los últimos años, llenos de remakes y superhéroes,  las comedias románticas se han vuelto  o bien enrevesadas con finales dignos de drama, o de  humor más básico o de trazo gordo, algo zafias y soeces, hasta casi desaparecer en la cartelera actual. Eso no me hace olvidar excepciones como la agridulce "Eternal Sunshine of a Spotless Mind" o la muy despidada "Crueldad Intolerable", pero ahora que caigo, ¡ya tienen más de 10 años!, así que espero que me contradigáis en los comentarios, y me pongáis que hay comedias románticas inspiradas e inteligentes de última generación.
¡No hay que perder la esperanza!




Espero que esta entrada os haya gustado y recordad: es un nuevo año y exigimos un final feliz y una comedia romántica en nuestras vidas.

Carmen Romero

viernes, 15 de diciembre de 2017

Laura

“Nunca olvidaré aquel fin de semana en el que murió Laura…”
(Waldo Lydecker)

En 1946 Francia aún sufría  las terribles heridas causadas por la Segunda Guerra Mundial. Eran tiempos de racionamiento, depuraciones, duelo por los muertos y por las ilusiones perdidas…  Era una época en la que poder disfrutar de algún momento de evasión de la cruda realidad resultaba especialmente necesario; sobre todo si esa evasión se conseguía a través de unas películas tan magníficas como lo eran algunas de las que, llegadas desde Estados Unidos, se estrenaron en Francia durante aquel verano: El halcón maltés (1941), de John Huston,  Laura (1944), de Otto Preminger, Historia de un detective (1944), de Edward Dmytryk; Perdición (1944), de Billy Wilder; La mujer del Cuadro (1944), de Fritz Lang


Estas películas tenían unas características comunes que permitieron a la crítica francesa acuñar un nuevo término, “film noir”, para referirse a ellas. En todas se aglutinaban elementos de otros géneros, especialmente del policiaco de los años 30 y del melodrama, macerados en una cierta ambigüedad moral y un marcado pesimismo existencial que casaban muy bien con el espíritu de postguerra. Con una conjunción de la estética expresionista de origen alemán y del realismo del cine norteamericano, se retrataban las pulsiones más oscuras del ser humano, tanto como individuo como en sociedad, en unas atmósferas densas y peculiares que se convertirían en  impronta del género negro.


Todas las películas mencionadas son grandes hitos del género, pero quizá la que haya alcanzado mayor carácter mítico sea Laura, porque es la que mejor combina melodrama, intriga y sugestión. Esas características, junto con la intensidad de su fotografía en blanco y negro, la utilización del flash-back y de la voz de un narrador implicado en la trama,  la magia de su música y la utilización de diversos puntos de vista en la investigación del crimen, sentaron muchos de los principios del cine negro.

Pero Laura es, sobre todo, la historia de dos obsesiones por una misma mujer; una mujer, que, fluctuando entre el sueño y la realidad, se convierte en una nueva versión, mucho más sugerente, de la femme fatale del género negro.

La trama de la película parte del hallazgo del cadáver desfigurado de una mujer asesinada en el apartamento de Laura Hunt, una exitosa creativa publicitaria. Lógicamente, se piensa que se trata de la  propia Laura. El teniente de la policía Mark McPherson (Dana Andrews) se encarga de la investigación y la centra en el círculo íntimo de Laura: su gran amigo y mentor, el corrosivo escritor Waldo Lydecker (Clifton Webbs), su prometido, el playboy Shelby Carpenter (Vicent Price), y su tía, la sra. Treadwell (Judith Anderson, la inolvidable señora Danvers de Rebeca). Las sospechas sobre cada uno de ellos van sucediéndose según avanza la historia, con una gran sorpresa en mitad de la película (¿sueño o realidad?) y un vibrante desenlace.

A través de los testimonios de todos ellos, y de sus diferentes puntos de vista, McPherson va recreando las últimas horas de vida de Laura, a la vez que va quedando subyugado tanto por la personalidad de la difunta como por su gran belleza, plasmada en el omnipresente retrato de la joven asesinada. Precisamente, ese retrato se convierte en una especie de fetiche sobre el que gira la obsesión de McPherson por Laura.


El rodaje de Laura ha pasado a la historia cinematográfica como uno de los más conflictivos que se recuerden. La película fue, inicialmente, pensada en la Fox como un producto de serie B que iba a ser dirigido  por un director prácticamente desconocido, el austriaco Otto Preminger. Esa era la situación, cuando el poderoso jefe de la Fox, Darryl Z. Zanuck, intervino para ascender la película a la categoría A, relegando a Preminger, con quien tenía una historia previa de enfrentamientos, a funciones de producción y encargando la dirección a  Rouben Mamoulian, tras haberse negado Walter Lang y Lewis Milestone a ocupar el puesto.


Tampoco aceptaron el papel protagonista las hermosas Jennifer Jones y Hedy Lamarr. Por ello, recayó en la jovencísima (23 años), y también muy hermosa, Gene Tierney.

Incluso el papel de Waldo Lydecker no estuvo adjudicado a Clifton Webb hasta el último momento, puesto que Zanuck no quería, inicialmente, dárselo. Afortunadamente, Preminger se impuso; Webb obtuvo  el papel y realizó una interpretación tan buena de Waldo Lydecker que esa fue una de las bazas decisivas del éxito de la película. Su rostro anguloso, sus gestos elegantes, fueron perfectos para definir la personalidad del ficticio escritor que decía sobre sí mismo: “Escribo con una pluma de ganso que mojo en veneno”. Con este papel, Webb relanzó su carrera y obtuvo una nominación al Óscar como mejor actor de reparto.


Ya iniciado el rodaje, Zanuck, descontento con  Mamoulian, prescindió de él y volvió a encargar la dirección a Otto Preminger, que lo primero que hizo fue echar al director de fotografía y sustituirle por Joseph La Shelle. Ese, quizás, fue el mayor acierto de Preminger, puesto que la fotografía en blanco y negro de La Shelle (premiada con el único Óscar que obtuvo la cinta) fue esencial para crear la atmósfera de sugestión, misterio e irrealidad que recorre la película.


Preminger  también contrató a nuevos guionistas y encomendó la música a David Raskin, que compuso el pegadizo y sugerente tema central de la película. Otra de las decisiones inmediatas del director austriaco fue sustituir el cuadro de Laura, que había pintado Azadia Wewman, esposa de Mamoulian, por una fotografía de Gene Tierney pintada con ceras para simular un retrato al óleo.

Tras el inmenso éxito de Laura,  Mamoulian afirmó que, aunque Preminger aseguraba que había desechado todo el material anterior, su concepción de la película seguía siendo la que vertebraba la película. No se puede saber cuánta verdad pueda haber en esa afirmación;  lo único cierto es que todas las decisiones, las muchas modificaciones y cambios que se produjeron desde que se inició el proyecto, confluyeron en el magnífico resultado final.


Y también es cierto el que a Preminger se le debe otro de los grandes hitos del género negro: Cara de Ángel (1952); eso y su carrera posterior como director avalan su talento: Carmen, El hombre del brazo de oro, Buenos días tristeza, Anatomía de un asesinato, El cardenal, Éxodo (con la que Preminger rompió, como ya había hecho Michael Douglas, “la lista negra”, al incluir al proscrito guionista Dalton Trumbo en los créditos), Tempestad sobre Washington (en la que Charles Laughton realizó su última gran interpretación)… son pruebas incontestables de su valía como director.



Otto Preminger, uno de esos grandes directores cinematográficos de origen judío que encontraron refugio en Estados Unidos al huir de los nazis (como Lang o Wilder, por ejemplo), se caracterizó por su tiránico carácter durante los rodajes (quizás no fue casual que, como actor, se especializara en papeles de militares germánicos). En el caso de Laura, además de los problemas con Zanuck,  tuvo fuertes enfrentamientos con Vera Caspary, la autora de la novela original.


Caspary, también de origen judío, había logrado el éxito más importante de su carrera con la publicación, en 1942, y posterior adaptación al teatro, de Laura. Feminista por convicción, la escritora plasmó en la novela sus ideas de emancipación femenina; así la protagonista es una profesional de mucho éxito que, aunque ha recibido una ayuda decisiva de Lydecker en el inicio de su carrera, ha triunfado gracias a su propio talento.
Es también muy interesante observar cómo la relación de Laura con su prometido, el atractivo pero frívolo y amoral Shelby Carpenter es una especie de reflejo invertido de comportamientos tradicionalmente masculinos: la muy competente e inteligente Laura tiene una relación sentimental con el que también es su subordinado en el trabajo (empleo que ella le ha conseguido), un hombre sin más cualidades que su simpatía y atractivo físico (“Una belleza masculina en apuros”, tal y como le define Waldo con su habitual sarcasmo); un hombre al que Laura, en la mejor tradición del hombre poderoso con la mujer conquistada, hace regalos absurdamente caros (una pitillera de oro que se convierte en otro de los objetos claves de la trama). Ya se lo dice Waldo a Laura: “… tienes una trágica debilidad: para ti un hombre es un cuerpo bien constituido y fuerte y siempre sales dañada”. ¿No es esa una debilidad tradicional de muchos hombres que ocupan posiciones de poder? Lo peculiar, en aquella época, era que Caspary hiciese a Laura participe de esa actitud.


Curiosamente, aunque la cinta es fiel en lo esencial a la novela, Caspary, que sería ella misma una guionista de éxito, no se sintió satisfecha con el resultado de la película.
En cuanto a los protagonistas, Gene Tierney y Dana Andrews,  Laura significó para los dos el espaldarazo definitivo en sus carreras. Tras esta película, ambos gozaron durante unos años del estrellato conseguido. Gene tuvo papeles memorables como el de la perversa Ellen de Que el cielo la juzgue o el fantasmalmente romántico de la Sra. Muir; por su parte, Dana participó en una de las más grandes películas de la época: Los mejores años de nuestra vida (1946), de William Wyler. Y Preminger volvería a contar varias veces con ellos, juntos (Al borde del peligro, otra intriga criminal, de 1950) o por separado  (Andrews en ¿Ángel o diablo? (1945) y Entre el amor y el pecado (1947), y Tierney en Vorágine (1949).

Pero ambos, cada uno a su manera, estaban atormentados por terribles demonios personales que hicieron que, a partir de la década de los 50, sus carreras iniciaran un prematuro declive. Dana Andrews era alcohólico. Gene Tierney sufría serios problemas depresivos provocados, al parecer, por el nacimiento de una hija nacida con graves deficiencias físicas y mentales debido a que una admiradora contagió la rubeola a la actriz cuando estaba embarazada de la niña. La desgraciada historia de Gene  inspiró la trama de una de las novelas de Agatha Christie, El espejo se rajó de lado a lado (1962).


Sin embargo, en el mejor momento de su carrera, Tierney y Andrews formaron una pareja esplendorosa en una de las más bellas y míticas películas que el género negro nos ha dejado: Laura,  quizás la que mejor conjuga misterio y glamur, romanticismo y obsesión, sueño y realidad.

Yolanda Noir

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 1 de diciembre de 2017

Yo quería ser Lauren Bacall

Yo quería ser Lauren Bacall. Y no me digáis que eso lo queríamos todas. Ni hablar: unas querían ser Marilyn, otras Ingrid Bergman, muchas Audrey Hepburn, bastantes Katherine Hepburn y hasta algunas Liz Taylor (por aquello de los ojos violetas).
Cayo Largo
No fue una decisión que tomara a tontas y a locas, lo pensé bastante tiempo. No fuera a ser que me pasara como a esa gente que les conceden tres deseos y los malgastan de mala manera. Había que sopesar pros y contras y, una vez hecha la elección, no se podía cambiar. Y no penséis que era una cría cuando tomé esa decisión. Tenía más de veinte años cuando me compré en los traperos de Emaús una falda de pata de gallo que pretendía recordar al traje de chaqueta que llevaba la actriz en Tener y no tener. Creo que el efecto era más bien “look hospiciana de la posguerra”, pero yo lo intentaba.
Creo que esa pasión por ser como ella me entró en unos ciclos dedicados a Humphrey Bogart que organizaban cada verano en un cine de Barcelona con dos pequeñas salas, el Casablanca.
La mirada
Me fascinaban esas películas y cada verano me las veía todas: Casablanca, Tener y no tener, El sueño eterno, El halcón maltés, Cayo largo… No recuerdo que pusieran La reina de Africa, esa era como de otra ventanilla, con otro Bogart muy distinto. Me gustó mucho cuando la vi, pero no la asocio a ese grupo. Dentro de esas películas tenía mis preferencias. El halcón maltés me gustaba, aunque al final siempre me armaba un poco de lío entre todos los malos implicados en la trama. Durante muchos años pensé que la frase “estaba hecha del material del que se hacen los sueños” era original de esta película, pero hace poco me enteré que pertenece a La tempestad de Shakespeare (mi incultura es infinita). Casablanca era la reina, por supuesto, ese Rick tan duro y tierno, esa Ingrid Bergman que parecía brillar como si fuera santa (siempre recuerdo la luz tan especial que tenían esas películas en blanco y negro) y creo que era muy apropiada para ese papel, con esa historia. Desde luego, Lauren Bacall no se hubiera ido con Laszlo que era un lechuguino con cara de ensaimada y nunca hubiera dicho “Tienes que pensar por los dos, por todos nosotros”. No, Mi Lauren decía cosas como: “Si me necesitas, silba. Sabes silbar, ¿verdad Steve? Solo tienes que juntar los labios y soplar”. Mataría por haber dicho algo así alguna vez en.
Si me necesitas, silba
Qué se le va a hacer, son naturalezas o quizás es que vamos por la vida sin que nos escriba los diálogos un guionista y por eso nuestras conversaciones son tan poco lucidas. Tenía diecinueve años la criatura cuando interpretó ese papel en Tener y no tener, película dirigida por Howard Hawks basada en una novela de Hemingway. Bogart se enamoró de ella en el rodaje y se casaron un año después, aunque él le llevaba veinticinco años. Dicen que en el rodaje de esa película estaba tan nerviosa que temblaba y agachaba la cabeza, lo que dio origen a esa mirada que se hizo tan famosa. La verdad es que encarnaba muy bien ese prototipo de mujer fatal, de respuestas rápidas y mirada felina que tanto gustaba a los autores de novela negra. No me digáis que este párrafo de Dasiell Hammett no parece la descripción de la actriz: “Aquellos ojos revelaban que se trataba de una mujer marcadamente felina: Todos sus movimientos eran lentos, suaves, seguros como los de una gata. Las líneas de su bonito rostro, el contorno de su boca, la nariz breve, la forma de sus ojos, la hinchazón de las cejas, todo en ella era felino”.  O esta otra: “era tan bella como Lucifer y dos veces más peligrosa”.
Aquellos besos...
Otra de mis favoritas era El sueño eterno. Y eso que, fácil de entender, tampoco era. Por lo visto ni el propio Howard Hawks sabía quién cuernos mató al chofer. Pero a mí eso me daba igual. Ver a la pareja Bogart-Bacall mantener esos duelos verbales, encender cigarrillos como si fumar fuese saludable y moverse entre el hampa y la clase alta me parecía más que suficiente. ¡A quién le importa quién mató al chofer!
Cayo largo me gustaba menos.  Dirigida por John Houston está basada en una obra de teatro y se nota. Los personajes se pasan la película encerrados en un hotel en Florida a causa de una tormenta terrible. Un grupo de gánsters dirigidos por Edward G. Robinson (uno de los mejores malos de la historia) mantiene prisioneros a los dueños del hotel (Lauren Bacall, una joven viuda de guerra y Lionel Barrymore, su suegro) y a un veterano de guerra interpretado por Bogart. No estaba mal, pero era otro estilo y el papel de mi musa era más soso.
Y luego estaba La senda tenebrosa dirigida por Delmer Daves donde Lauren Bacall ayuda a Bogart, injustamente acusado del asesinato de su esposa.
Son películas que puedes ver una y otra vez sin cansarte. Ellas siguen estando divinas, con ese estilo, esa elegancia… No se necesitan muchos efectos especiales ni inversiones millonarias para conseguir que te quedes atrapado en una historia. Ahora estoy pensando que, ya que nunca conseguí parecerme a Lauren Bacall, debo decidir cómo quién quiero envejecer. Dudo entre Meryl Streep, Helen Mirren o Judi Dench ¿qué me aconsejáis?
El sueño eterno

Laura Balagué (Mona Jacinta)


viernes, 24 de noviembre de 2017

Con la venia, señoría. Dos películas sobre tribunales militares.

Dos pelis, dos, que cuentan las vicisitudes de un consejo de guerra. Dos pelis soberbias sobre la justicia militar norteamericana y sus estirados ritos. Dos pelis que distan en el tiempo treinta y ocho años que tratan actos pasados por tribunales de uniforme cuartelero. El primero “el motín del Caine”, de 1954, sobre las tribulaciones de unos marineritos en un buque de guerra en plena segunda guerra mundial en el Pacífico; otra, “algunos hombres buenos”, de 1992, y el juicio a dos soldaditos de la infantería de marina, AKA “marines”, juzgados a raíz de la muerte de un compañero acaecida en la siniestra base militar de Guantánamo, pedazo de tierra yankee en suelo cubano.

El motín del Caine.

 Cartel de la peli, curiosamente, el prota de la novela ni sale.

Una fabulosa peli de guerra dirigida por Edward Dmytryk basada en una estupenda novela de Herman Wouk. Condensa con mucha solvencia gran parte de la historia novelada. El joven bisoño Willie Keith (El malogrado Robert Francis) se enrola en el dragaminas Caine, donde conoce al cínico teniente Keefer (Fred MacMurray), novelista en sus ratos libres y encargado de transimsiones , al segundo de a bordo, el correctísimo teniente Maryk (Van Johnson) y al capitán del buque, de Vriess.(Tom Tully)
Willie se decepciona un tanto cuando ve que en el barco la tripulación viste desaseada y se alegra cuando el capitán de Vriess es relevado por el nuevo sustituto que es el capitán Queeg (Humphrey Bogart). Queeg resulta ser un tipo raro y puntilloso que acaba teniendo una disputa durante un tifón con el segundo de a bordo, Maryk, a resultas de lo cual Maryk sufre un consejo de guerra.
La defensa del teniente Maryk la asume un brillante abogado, miembro del ejército del aire, el teniente Barney Greenwald (José Ferrer) ácido, sarcástico, duro y sin pelos en la lengua que muestra desprecio por el acto del amotinamiento. Es antológico su discurso una vez pasado el consejo de guerra.

El raruno capitán Queeg (Humphrey Bogart con cara de zumbado)

Los personajes son soberbios y su interacción funciona de maravilla. El papel de Queeg, interpretado por Bogart, es impecable, pero el que brilla con luz propia es el teniente Greenwald, abogado de la defensa, interpretado por José Ferrer en su mejor momento y es que el tío de George Clooney hacía nada que se había llevado el Óscar por su papel de Cyrano de Bergerac y una nominación por hacer de Toulouse-Lautrec en Moulin Rouge.

El implacable abogado defensor (José Ferrer se come la pantalla)

Cosas curiosas de la peli son el hecho de que el propio Bogart hubiera servido en un buque de la marina en la primera guerra mundial o que Lee Marvin, que aparece de marinero, hubiera sido infante de marina (marine, vaya) en la segunda contienda. El peligro real rozó a Van Johnson ya que estuvo a punto de ser atacado por un tiburón en la escena en la que se tira al mar a recuperar el cable del barredor de minas.

Testimonio esencia para la defensa

Peor suerte tuvo, pocos años después, el jovencísimo Robert Francis, muerto a resultas de un accidente aéreo cuando pilotaba un avión. Tenía apenas 25 años y sólo había rodado cuatro películas, haciendo en todas ellas de militar. Una muerte trágica que no llegó a ser leyenda como la de James Dean.

Algunos hombres buenos:

A Demi Moore la colocan por la cuota de género

El teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) es un brillante abogado recién ingresado en la marina que vive una complaciente vida entre pleitos legales y partidos de béisbol en Washington D.C. al que designan como defensor de dos infantes de marina (marines) acusados de haber matado a un tercer marine en la siempre peligrosa base de Guantánamo.


Kaffee asume la difícil defensa de un caso aparentemente claro. Él defiende al cabo Lawson (Wolfgang Bodison), mientras que la capitana de corbeta Galloway(Demi Moore) asumirá la defensa del soldado Downey(James Marshall). Como ayudante en la defensa cuentan con el eficaz teniente Weinberg (Kevin Pollak).

El informal y autocomplaciente abogado estrella y la ambiciosa y sufrida militar

Así, el curioso equipo de abogados viajan a Guantánamo para instruirse en el caso y, de paso, conocen al feroz coronel Nathan Jessup  (Jack Nicholson), un inquietante militar con el que tienen un desasosegante encuentro.


El equipo de defensores estudia pormenorizadamente el caso cada noche para luchar contra una inminente condena por asesinato, porque entienden que los acusados sólo han obedecido unas órdenes muy explícitas pronunciadas por algún superior que ahora no las quiere asumir.
Y el juicio se desarrolla entre actuaciones del implacable fiscal, capitán Ross (Kevin Bacon), del teniente Kaffee y de las declaraciones de los testigos, entre ellas, las del fanático teniente Kendrick (Kiefer Sutherland) y las del propio coronel Jessup, que engrandece su ego en el estrado  dando un discurso impagable de la cantidad de responsabilidades que tiene encima mientras el abogado defensor se desgañita intentando sonsacarlo.

Kevin Bacon haciendo un secundario fiscal muy aceptable

El papel del abogado defensor parece haberse confeccionado a medida para Tom Cruise. En él despliega todo su irónico encanto y su autocomplacencia. Rob Reiner consigue rodar un film sólido también basado en una novela de Aaron Sorkin. El papel de la mujer en el ejército resulta algo desagradable, la capitana de corbeta Galloway es ambiciosa y tiene que tragar con que no se la tome en serio, hasta ese soberbio fascista interpretado por un genial Nicholson hace un comentario machista en la sobremesa guantanamera insinuando al atildado tenientillo leguleyo algo sobre las placenteras felaciones de una superior.

¡Tú no puedes encajar la verdad! ¡Esta escena es sólo mía, chaval!

He aquí dos buenas películas sobre consejos de guerra, para no dilatarme como una parturienta de trillizas, he dejado a un lado “Senderos de gloria”(1957) de Kubrick, una espléndida historia de trincheras en la primera guerra mundial que cuenta un sonrojante hecho real: Se juzga a unos soldaditos por haber perdido una batalla, como si ellos fueran los culpables de algo que no les competía. También he desechado la inquietante “el sargento negro”(1960) de John Ford, una historia truculenta sobre un consejo de guerra a un afroamericano con galones de suboficial entre los casacas azules, que no es otro que nuestro buen Woody Stroode.

Afinidades y diferencias:

Mientras en el motín del Caine nos encontramos una historia lineal que avanza progresivamente sin dar la vista atrás, en la cinta de Reiner, tropezamos constantemente con el recurso del “Flashback”, donde llega a aparecer hasta el finado marine Santiago y todo. Mientras en la peli del 54 las dos únicas mujeres que aparecen son la madre y la novia del prota, Willie, en la del 92, teniendo asumido que las mujeres acceden al ejército, se incorpora la única y pobre aportación militar femenina que corre a cargo de Demi Moore. Su personaje demuestra tener más ambición que talento y se empeña de buscar la aprobación masculina, tanto de sus superiores, como del estelar protagonista, Cruise.

Esta es otra de las diferencias entre ambos filmes. A pesar de ser películas con unos cuantos personajes de importancia, así como en la peli de Dmytryk, el peso está bien repartido entre todos los actores, en la peli de Reiner el carácter casi histriónico del prota de Cruise parece llevarse todas las miradas. Veamos los abogados defensores; mientras en la peli del Caine el papel del abogado defensor, llevado por un José Ferrer en todo su esplendor, sólo ocupa la última media hora del film, en el caso de algunos hombres buenos, es el papel del abogado el que resulta el protagonista indiscutible, ya que la historia se centra en él, aunque, Jack Nicholson esté casi a punto de devorárselo en las escenas de réplica.



Jack Nicholson es en algunos hombres buenos lo que Humphrey Bogart en el motín del caine, sólo que el personaje del capitán Queeg (Bogart) es un hombre enfermo quien sabe si consumido por la guerra, mientras el coronel Jessup (Nicholson) es un facha despiadado que se refocila en su poder. Lo único cierto es que ambos personajes son incapaces de reconocer un error propio y lejos de enmendarlo, no dudan en dejar que la culpa cargue contra sus subordinados.



Dos películas entre las que median casi cuarenta años, ambas rodadas a partir de sendas novelas. La de 1954 narra una historia acaecida en el Pacífico de la segunda guerra mundial, en la que ni sale el enemigo ni se hace mención de él. La de 1992 habla de un estado perenne de guerra en un trozo de tierra arañado a una isla con soberanía propia, por mucho que les cueste a aceptar a tipos como Jessup. Tampoco menciona al “enemigo” en esta guerra de cartón-piedra.
Dos historias que reflejan la tiranía de la institución jerarquizada del ejército, ya sea la marina o la infantería de marina (marines), que no es lo mismo. Trata sobre la injusticia de obedecer a un superior  para verse abandonado ante un fatal desenlace o bien de cuestionar sus órdenes por parecer suicidas. Dos films, que, a pesar de todo, no son nada antimilitaristas. Ya se sabe lo tremendamente tradicionalistas que son en Hollywood.

Para acabar, hacer mención a la música que se escucha en sendos films. La banda sonora del motín del Caine corrió a cargo del excelente músico de cine, Max Steiner, autor de conocidísimas bandas sonoras tales como la que musicaliza “lo que el viento se llevó”. En cambio, algunos hombres buenos comienza su metraje haciéndonos oír la melodía “Semper fidelis”, lema de la infantería de marina yankee, que fue compuesta por John Philip Sousa, un músico y militar yankee hijo de un sevillano de ascendencia portuguesa. Sousa hijo, aparte de “sempre fidelis” es el autor de otras muchas otras marchas militares, tales como la archiyankee “barras y estrellas” (Stars and Stripes).

 Espero que os haya gustado.

Con la venia, señorías, Juli Gan.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Mae West (2)

Famosa por su apariencia explosiva y sus réplicas ingeniosas, Mae West fue, sin embargo, mucho más que una muñequita neumática y deslenguada. Actriz, cantante, guionista, autora, directora y productora teatral, escenógrafa, diva y maestra de la ironía, permaneció activa durante ¡setenta años! y disfrutó enormemente escandalizando sin parar a los puritanos tiempos que le tocó vivir.

Lee la primera parte de este artículo: Mae West (1)


El escándalo como profesión

Mae West fue una provocadora profesional. En su trabajo disfrutó y se lucró con el escándalo, el lenguaje procaz y los sobreentendidos. Y no lo ocultaba, sino todo lo contrario: alardeó cínicamente de ello en una de sus famosas frases mordaces: “Soy partidaria de la censura; al fin y al cabo, he hecho una fortuna con ella.”

Viene a confirmar esta apreciación una biografía, Becoming Mae West, publicada en 1997, cuya autora, Emily Wortis Leider, califica a nuestra musa de auténtica “empresaria del escándalo” y afirma que practicó durante toda su carrera una explotación muy bien calculada y nada improvisada de la provocación y la polémica.

Su vida privada, en cambio, discurrió por terrenos bastante más convencionales. No fue, por ejemplo, una mujer de muchas parejas sentimentales. De hecho, solo se le conocieron cinco y alguna de las cinco resulta dudosa, así que no es para nada una media elevada en 87 años de vida.

Su primera pareja fue Frank Wallace, un compañero de escena en su época vodevilesca, con el que se casó en Milwaukee en 1911. West tenía diecisiete primaveras y Wallace, cuatro más. West no hizo público este matrimonio, hasta que en 1935 un empleado del registro lo descubrió y lo filtró a la prensa.

Permaneció casada con Wallace durante más de treinta años, que es todo un récord para una vampiresa, aunque, según declaró en el juicio de divorcio, solo habían vivido juntos unas cuantas semanas.

Sería cierto, porque, dos años después del matrimonio, en 1913, conoció a otra de sus parejas, Guido Deiro, un pianista italiano que también era una estrella del vodevil. Algunas biografías de West dicen que se casaron; otras dicen que no, lo cual es verosímil si es cierto lo del otro matrimonio.

Sus otros tres boyfriends fueron William Jones, campeón de boxeo más conocido como Gorila Jones; James Timony, un abogado quince años más joven, que también fue su manager hasta que murió en 1954; y finalmente, cuando ya contaba con 61 años, Chester Rybinski, de 31, que posteriormente adoptó el nombre de Paul Novak. Chester-Paul había sido Míster California y había trabajado con West como hombre-objeto en uno de sus shows en Las Vegas. Estuvieron juntos hasta que West murió en 1980.

Mae West fue, además, una mujer muy familiar. No se decidió a trasladarse a Hollywood hasta la muerte de su madre en 1930, acontecimiento que la dejó emocionalmente muy herida, y en el traslado se llevó consigo a su hermana, su hermano y su padre. West los alojó muy cerca de su apartamento (vivió en el mismo sitio hasta que murió) y les proporcionó trabajo e incluso ayuda económica.

Puesto que cuidó siempre su salud, con estrictas dietas y ni gota de alcohol, ni siquiera murió como las estrellas del cine o del rock, ni joven ni víctima de excesos, sino como la gente respetable, a la venerable edad de 87 años, en un hospital de Los Ángeles, de un derrame cerebral.


El legado de West


Mae West ha dejado una tremenda huella en la cultura popular. Por empezar por, quizás, lo más tonto, empezaré hablando de un chaleco salvavidas que usó el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial y que recibió su nombre por inspirarse en sus pechos; y por seguir por lo más tremendo, recordaré que a ella se debe en buena parte la entrada en vigor del infame código Hays.

Ya en vida de West, los Beatles solicitaron su permiso para incluirla en la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. West en un principio se negó, alegando que ella nunca pertenecería a un club de corazones solitarios; pero, al recibir una carta manuscrita de los propios John, Paul, George y Ringo en la que se declaraban sus rendidos admiradores, acabó cambiando de opinión. Claro, a ver quién no.

Salvador Dalí construyó un surrealista sofá llamado Los labios de Mae West, que se exhibe en su museo de Figueras. Al parecer, sus curvas corporales también inspiraron las del dibujo animado Betty Boop.

De West hablan multitud de canciones, entre ellas algunas de musicales de Broadway de
Cole Porter, y decenas de libros, como, por ejemplo, por citar alguno, Mae West y yo, de Eduardo Mendicutti, pero quizás su mayor legado fueron sus tremebundas frasecitas sarcásticas. Las tuvo por docenas, unas más conocidas que otras; todas están consultables en Wikiquote. Si tengo que elegir alguna, me quedo con esta: “Las chicas buenas van al cielo; las malas, a todas partes”; “a donde les da la gana”, suelo añadir yo, que la utilizo bastante.

A partir de los años 70, la buena de Mae se convirtió en un icono y una referencia para el feminismo, el movimiento gay y la estética drag. En 1995 Ramona Curry publicó Too much of a good thing, obra en la que analiza la influencia de West en el desarrollo de la sexualidad en su relación con la política y la sociedad en el siglo XX.

La directora de cine Catherine Hardwicke diseñó un monumento que fue colocado en la llamada Glorieta de las Cuatro Damas de Hollywood, en el extremo oeste del Paseo de la Fama, a modo de homenaje multirracial a Mae West, Dolores del Río, Dorothy Dandridge y Anna May Wong. Estoy convencida de que nuestra Mae está allí muy a gusto.


Noemí Pastor