viernes, 19 de mayo de 2017

Missing, desaparecido 1982

  - Esta embajada se limita a proteger los intereses norteamericanos, nuestros intereses, señor Horman.
  - Pues no son los míos.

Missing, desaparecido.

Hay pocos directores de cine que se dediquen con afán al tema político o de denuncia social. De entre los habituales, Gillo Pontecorvo,director de “Operación ogro”, o Ken Loach, autor de “Tierra y libertad” o “La canción de Carla”. Konstantinos Gavras, más conocido como Costa-Gavras es otro de estos directores comprometidos con el cine activista. El autor de “Amén”, “Z” o “Estado de sitio”, siempre ha realizado un cine de denuncia social. Una de sus obras más logradas es, sin duda, la película a la cual dedico el post de hoy, que no es otra que “Missing”, (Desaparecido) la historia basada en datos reales de la desaparición de un curioso periodista norteamericano que tuvo la fatal suerte de encontrarse con compatriotas militares en la ciudad costera de Viña del Mar el 11 de septiembre de 1973, día del golpe de estado que dio Pinochet para derrocar a Salvador Allende, elegido en las urnas por el pueblo chileno.

Charlie en Viña del Mar el 11 de septiembre, día del golpe.

Es un magnífico film de dos horas que concatena de una manera magistral la sucesión de los hechos, a la manera de un documental, con la espléndida actuación de Jack Lemmon en el papel del padre conservador, hombre de negocios norteamericano, recto, religioso,  que no entiende a su hijo, censurando su manera de ver el mundo, que choca con su nuera (Sissy Spacek) que representa a la generación liberal y tímidamente de izquierdas que se hizo adulta con el hippismo. Durante toda la cinta, la relación suegro-nuera sufre una evolución. Jack Lemmon, contenido pero con una fuerza dramática brillante, acaba abofeteado por una realidad que le asquea. Dicho, aunque con otras palabras, por el embajador yankee, en una escena antológica, para proteger el sistema de vida norteamericano libre y democrático, hay que impedir que en otros lugares prospere.


Días de zozobra

Sinopsis:

Charlie Horman (John Shea) es un joven y curioso periodista norteamericano residente en Santiago de Chile que, por casualidad, se halla el once de septiembre de 1973 en Viña del Mar donde encuentra a un cuantioso número de compatriotas suyos que, a su vez, son militares. El golpe le hace difícil encontrarse con su esposa (Sissy Spacek) que se ha quedado en la capital. Una mala tarde, desaparece, no se sabe quién se lo lleva. Su padre, un hombre de negocios neoyorquino, conservador y religioso (Jack Lemmon), acude en su busca. 

Trasfondo de la historia:

Esta cinta, en cuestión, narra la búsqueda de un hijo que desaparece “misteriosamente” en medio de un pavoroso golpe de estado que, a muchos os sonará, suceció en Chile el 11 de septiembre de 1973. Un buen día, o mejor, una mala noche, Charlie Horman, periodista norteamericano con sensibilidad social, desaparece. Nadie sabe dar razón de él. Pasa lo que en la escalofriante canción de RubénBlades.


Suegro y nuera en el Estadio Nacional lleno de presos

Para ambientarnos en la historia que nos cuentan, se juega con el flashback, muchas de las veces, mediante las anotaciones del propio Charlie Horman, esas que nos hacen comprender que son las que lo han perdido. 



Claro está que Charlie Horman sólo era un joven norteamericano nacido en el esplendor de una EEUU victoriosa de la segunda guerra mundial que difería con esa generación de sus padres toda conservadurismo y amante de Dios y Wall Street. Como se menciona en la cinta, había otros norteamericanos en Chile, como el caso de Frank Teruggi  (Encarnado por Joe Regalbutto en esta peli), un exseminarista cercano a la popular teología de la liberación muy en boga por aquellos tiempos de curas obreros mano a mano con los pobres. Teruggi fue asesinado en el estadio nacional prácticamente a la vez que Horman.


Detención de Teruggi y Holloway

Tensión musical

La tensión producida por la inquietante música de Vángelis, compatriota de Costa-Gavras, que por aquellos años también compuso la celebrada banda sonora de la británica “carros de fuego”, y, cómo no, la mitificada “blade runner”. Este inquietante sonido sincopado hecho con sintetizadores ha servido para algunos otros documentales de denuncia social (Me estoy acordando de la del cierrede un periódico en un estado supuestamente democrático)


Premios: 

La cinta ganó el óscar a mejor guión adaptado en 1983. Se basó en un libro del periodista Thomas Hauser llamado “The Execution of Charles Horman, An American Sacrifice”, que se publicó en España, a raíz de la película, en los años 80.


Costa-Gavras en pleno rodaje de Missing

La espléndida actuación de Lemmon, sobrio, contenido, que evoluciona desde la intransigencia de clase pudiente hasta comprender que por cualquier cosa puedes perder la vida, se mereció la Palma de Oro a la mejor actuación en el festival de Cannes, a la vez que el director franco-heleno se hacía con el de mejor película.


Suegro y nuera ante la cruda verdad. Depósito de cadáveres

El maduro norteamericano cree que si su hijo ha sido detenido es porque ha hecho algo, necesariamente. Hasta que un amigo chileno de su hijo le espeta ante este comentario: 

  - Norteamericanos. Siempre suponen que se debe hacer algo para que le detengan a uno.

  - ¿Y no es lógica esa suposición?

  - Aquí no, señor Horman.


El cine de denuncia y América del Sur: 

Sin duda, esta película mostró al mundo dos grandes verdades: Una que las dictaduras se impusieron con gran cantidad de sangre en el cono sur y otra que los EEUU estuvieron muy implicados en ello. Como la cinta dice, para mantener el estilo de vida y los intereses empresariales yankees hay que someter al resto de países. Esto, claro, molestó mucho en EEUU. No sólo la película fue prohibida en Chile, también se presentó un pleito a la Universal para que esta primera película norteamericana de Costa-Gavras fuera secuestrada. Y así se mantuvo hasta que, por fin en 2006, la Universal ganó el pleito. Por mucho que la denuncia del ex-embajador de EEUU en Chile  y algunos militares expresaran que eraun atentado contra su honor, la desclasificación de documentos de la era Clinton dejaba en evidencia la injerencia norteamericana en aquellos lamentables sucesos.


Padre desolado ante la peor noticia

La cinta de Costa-Gavras excelentemente ambientada en Chile, con letreros de Lan-Chile (Las líneas aéreas) o helicópteros con el emblema nacional, fue rodada en México. Era difícil (Y caro) hacerlo en otra parte, sobre todo porque en aquellos años casi toda América del Sur era tierra de dictaduras.

Otros films que cuentan historias acerca de los sufrimientos civiles por las dictaduras del cono sur fueron: La noche de los lápices; la historia oficial; cautiva; garaje Olimpo.(Queda pendiente un post sobre la visión cinematográfica de la dictadura-represión-secuestro de bebés en Argentina)

Argentina  pudo zafarse de su dictadura pronto, quizá “ gracias” a la guerra de las Malvinas, pero en Chile no ocurrió igual, de hecho es te film de Gavras no pudo estrenarse hasta que la dictadura de Pinochet desapareció. Pero no sólo aquella dictadura puso trabas, ya que la “democrática” EEUU consiguió que la Universal la retirara de la exhibición, al igual que sucedió con "el crimen de Cuenca" de Pilar Miró. Como ya he dicho,  el ex-embajador yankee en Chile y algunos miembros de la inteligencia militar se sentían molestos, quizá, por la imagen que se daba de ellos en la cinta, pero, oye, si no quieres que te retraten así, no montes golpes de estado en países transandinos.  Afortunadamente, en Europa se pudo exhibir para conocimiento del público.


La escena del padre derrotado contra la fortaleza inhumana de las instituciones de su país, representadas por la embajada, es digna de verse:


Ficha Técnica:

Missing, desaparecido.

Duración: 122' Color 

Nacionalidad: EEUU

Dirección: Costa-Gavras

Guión: Donald E. Stewart, Costa-Gavras. Basado en el libro de Thomas Hauser "La ejecución de Charles Horman, un sacrificio americano"

Música: Vangelis.

Fotografía: Ricardo Aronovich

Reparto:

Charlie Horman......................John Shea

Beth Horman..........................Sissy Spacek

Ed Horman.............................Jack Lemmon

Terri Simon.............................Melania Mayron

Kate Newman........................Janice Rule

Capitan Ray Tower.................Charles Cioffi

Cónsul Phil Putnam................David Clennon

Embajador..............................Richard Venture

Andrew Babcock....................Richard Bradford

David Holloway......................Keith Szarabajka

Frank Teruggi........................Joe Regalbuto


De Juli Gan, para vosotr@s.

viernes, 12 de mayo de 2017

Eva Le Gallienne: LeG


(Wikimedia Commons)

Eva Le Gallienne (1899-1991), también conocida como Miss LeG (no me digáis que no es cool la abreviatura), fue actriz, escritora, traductora, productora y directora teatral. Profesionalmente activa durante ¡70 años!, tuvo un papel determinante en la creación del movimiento teatral de repertorio en los Estados Unidos, precursor del actual Off-Broadway.


Ante todo, me disculpo
Me disculpo, sí, porque este es un blog de cine (como mucho, de cine y televisión) y, en realidad, Eva Le Gallienne trabajó muy poco en el cine y un poco más en televisión.
Participó solo en tres películas, pero por una de ellas, “Resurrección” (1980) fue nominada a un Oscar, lo que la convirtió en la persona candidata de más edad.   
En televisión se prodigó un poco más: trabajó como actriz en diez producciones y por una de ellas, “The Royal Family” (1977), ganó un Emmy.
Pido disculpas, pues, por esta relación tangencial de la señora Le Gallienne con el séptimo arte. Alego en mi defensa que me he dejado llevar por el encanto del personaje; me he dejado seducir por la pasión que puso, más que nada, en el teatro; una de esas pasiones que dan sentido a la vida y que la alimentan por siempre.


Un encuentro decisivo
Aunque toda su carrera la desarrolló en los USA y en 1927 se naturalizó estadounidense, Eva Le Gallienne nació en Londres. Su madre era una periodista danesa y su padre, también periodista y poeta, era inglés de ascendencia francesa, como delataba su apellido.  En la familia había, además, dos tías actrices y un tío actor.
La pareja se divorció cuando Eva tenía cuatro años y madre e hija se trasladaron a vivir a París. Allí tuvo Le Gallienne la oportunidad de conocer a Sarah Bernhardt en el backstage de un teatro parisino. Este encuentro, decía la propia Eva, le produjo “una enorme impresión” y fue marcó, sin duda, el futuro de la joven, que, en 1914, con quince años, debutó en una producción de Maeterlinck.
Un año después, madre e hija viajaron a Nueva York y, aunque las dos primeras obras en las que trabajó fueron sendos fracasos, Eva no tardó mucho en convertirse en una estrella de Broadway.


La típica (y aburrida) leyenda negra
Le Gallienne vivió su homosexualidad en un mundo en el que ser homosexual o bisexual era común, pero solo se aceptaba entre bambalinas, sin revelarse nunca al público, y en el que todavía eran frecuentes los “front marriages” y las ”shadow actresses”.
A Le Gallienne se le atribuyeron romances y relaciones más o menos duraderas con la mecenas Alice DeLamar, las actrices Alla Nazimova (que fue quien acuñó la expresión “sewing circle” o “círculo de costura”) y Tallulah Bankhead y la escritora Mercedes de Acosta. También estuvo a punto de casarse con el actor BasilRathbone. Y me he dejado nombres porque no pretendo hacer ninguna lista exhaustiva y tampoco quiero excederme con el morbito.
Digo yo, pues, que semejante currículum es suficiente para proporcionar a cualquiera una felicidad  razonable. Pero no. La típica y aburrida leyenda negra, la maldición hollywoodense de la sexualidad no normativa insiste en que Le Galliene no estaba a gusto con su homosexualidad, que en privado luchaba contra ella y que esto la llevó a estados de ansiedad y al alcoholismo. Eso afirmaba, al menos, Richard Schanke, uno de los biógrafos de Le Gallienne.
A mí, sin embargo, me gusta más la versión de otra biógrafa, Helen Sheehy, que ofrece testimonios de allegadas a Le Gallienne que deshacen el retrato de la lesbiana trágica e insatisfecha. Y me gusta más porque se cansa ya una de la fórmula lesbiana = atormentada y se inclina por esta otra: lesbiana = disfrutona y vividora. 


“Prefiero interpretar a Ibsen que comer”
Dejémonos, pues, de leyendas más o menos glamurosas  y volvamos a la pasión de Le Gallienne por el teatro, que la llevó a éxitos verdaderamente notables y a momentos de verdadera ruina económica. De ahí la frase que da título a este apartado.
Su primer gran hito fue la fundación del Civic Repertory Theatre en Nueva York, sin ninguna ayuda pública, solo gracias al apoyo financiero de Alice DeLamar. Con el Civic Le Gallienne cumplió su sueño de dotar a los Estados Unidos de un teatro permanente de repertorio, a la manera del Old Vic inglés, la Comédie Française o el Teatro del Arte de Moscú, que representara a los clásicos a precios populares.
En el Civic alcanzó Le Gallienne una de sus cumbres artísticas con “Hedda Gabler”, de Ibsen.
También fue un enorme acierto su interpretación de la reina Isabel I de Inglaterra en “María Estuardo”.

Le Gallienne como Peter Pan

Con todo, si me tengo que quedar con una versión de Le Gallienne, me quedo con su interpretación de Peter Pan en la obra del mismo título que el Civic representó en 129 ocasiones con enorme éxito, también entre el público infantil, debido al exquisito trabajo de Le Gallienne y a los soberbios efectos especiales, que por primera vez hicieron volar a Peter Pan, sujeto a un hilo invisible, sobre el patio de butacas.
Me gusta verla así, andrógina y voladora, fijada en la retina de las niñas y los niños como símbolo de frescura y libertad.


Más Le Gallienne
Si os habéis quedado con ganas de saber más cosas sobre la divina LeG, porque, por supuesto, yo no os lo he contado todo, en Google Libros tenéis la biografía de Robert A. Shanke “Shattered Applause. The lives of EvaLe Gallienne”.
Helen Sheehy escribió otra biografía sobre ella: “Eva Le Gallienne: A biografy” (Alfred A. Knopf, New York 1996). Y Mercedes Acosta habla también de ella en su libro “Here lies the Heart”.
En Youtube hay también varias cosas interesantes sobre Miss LeG; por ejemplo, un audio de su interpretación en “Alicia en el País de las Maravillas” y una entrevista televisiva de 1977.

Disfrutadlo.

Noemí Pastor

viernes, 28 de abril de 2017

La Trilogía del Cornetto de Edgard Wright

Hoy me dispongo a hablar de la “Trilogía del Cornetto”, dirigida por el británico Edgard Wrigth y que comprende de las siguientes películas: Shaun of the Dead/Zombies Party (SD), Hot Fuzz/Arma Fatal (HF) y The World’s End/Bienvenidos al Fin del Mundo (TWE), que el mismo director co-escribió con el actor y guionista Simon Pegg.


Podría empezar comentando la extraña manía de coger los títulos originales y dejarlos irreconocibles en su versión española, pero nos daría para más de un artículo, y ése no es el objetivo de hoy.

La primera película de esta trilogía se hizo en el año 2004, y sus ganancias multiplicaron por cinco el valor de su presupuesto. Lo mismo sucedió con la segunda de 2007, y sólo en la tercera, de 2013, se consiguieron ganancias menores. En resumen, estas películas inglesas, sin grandes estrellas Hollywoodienses, recaudaron más de 150 millones de dólares.

Pero independientemente de su éxito comercial, es mejor hablar de sus valores cinematográficos. Las películas de la trilogía no repiten sus personajes, ni cuentan una única historia, pero en ellas se reiteran las ideas de “pasarlo bien” y de valores como el amor, la amistad y la libertad. De hecho, cada film, refleja uno de estos puntos de forma principal durante su desarrollo. Todo esto desde un filtro que combina un desternillante humor inglés, y la tradicional serie B de terror hecha en las islas británicas.


Recordemos que productoras clásicas británicas en los años 50 y 60, como la Hammer, ya habían instaurado todo un género en el Reino Unido, con historias plagadas de invasiones alienígenas, muertos vivientes o comunidades ideales de lo más demoniacas, que hacen lo que sea por el “bien común”. Estos puntos de partida propios del cine de este país, son tomados en estas películas, y con esa fachada, se construye una historia gamberra y divertida, propia de la imaginación de una noche de juerga entre amiguetes (que no digo yo que no nacieran así), en la que se sumergen valores más intelectuales, propios de narrativas clásicas: la búsqueda del grial (completar el tour de los pubs en TWE), recuperar el amor romántico (o una exnovia, SD), aceptar la identidad y la amistad (el reconocimiento de los protagonistas en HF), vivir en la rutina sin saber hacia donde se va (SD), el amor cortés (uno de los protagonistas, embelesado desde la infancia con una chica, en TWE), crecer y hacerse adulto (los protagonistas de TWE), el amor a la familia (SD), etcétera.


Pegg y Wrigth no sólo hacen esta doble lectura en unas películas destinadas al entretenimiento propio de la serie B, sino que además, las llenan de referencias a otros filmes, novelas y obras de la cultura popular, que también tendrán influencia en otros films posteriores, como puede ser la injustamente infravalorada Attack of the Block, de Joe Cornish.


Pero quizá lo que más llama la atención al ver esta trilogía, no sólo es la capacidad de entretenimiento o la doble lectura, es la cinematografía de las mismas. Wright, es un auténtico genio que utiliza todos los recursos en su mano para que el espectador no consiga aburrirse en ningún momento. Como si se encontrara en un tebeo o dibujo animado, las imágenes se van sucediendo a un ritmo frenético… Así, al verlas, es mejor olvidar las comedias actuales, donde los personajes hablan como si se tratara de un club de chistes, y sólo una gracia rancia puede llegar a impactar; en cualquiera de estas historias, cada escena es un ataque masivo de humor inglés, gag visual, música bien escogida con el momento, y todo para arrancar una carcajada al espectador, y no darle tregua alguna. Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo este gran vídeo de Tony Zhou sobre la comedia visual en Wright, que también incluye imágenes de otra película suya: la adaptación del tebeo de Scott Pilgrim contra el Mundo.



Como podéis ver, durante la trilogía, dos actores repiten papeles protagonistas: son Simon Pegg y Nick Frost. Pegg y Wright se conocieron al realizar la serie Spaced, que narraba la vida de un par de veinteañeros que vivían juntos, con muchas referencias a la cultura pop y al humor más surrealista. Así, no sorprende que se implicaran en la escritura de Shaun of the Dead algunos años después, y que la trilogía comience con unos jóvenes luchando por su amor en un mundo apocalíptico, y acabe también con un escenario similar, pero en este caso, con unos cuarentones, que finamente, parecen encontrar sentido a sus vidas. Es lógico, que al igual que los años pasaban, los guionistas también experimentaran cambios y necesitaran comunicarlos en la pantalla.

Frost también fue parte del reparto de Spaced, y algunos de los actores que pasaron por dicha serie, acabaron formando de parte de estos films, de forma más o menos habitual (todo quedaba en casa, al parecer), al igual que otros, que se repiten en alguna de las películas o en todas ellas. Así, podemos encontrarnos a Martin Freeman, Bill Nighy, Rafe Spall, Paddy Considine o Peter Serafinowicz, entre otros.

Resulta curioso también, que en todos los films, se cuenta con un actor de cierto prestigio, que juega un papel fundamental, pudiera ser que con un toque de villano de la trama. Así, en Shaun of the Dead, tenemos a Bill Nighy, en Hot Fuzz a un Timothy Dalton icónico, y cerrando la trilogía, nos encontramos a Pierce Brosnan. 


Pero quizá la mayor pregunta que os podéis hacer tras leer este artículo es ¿por qué se llama la Trilogía del Cornetto? El nombre se debió a una broma del director durante la promoción de Hot Fuzz y The World’s End, ya que tras haber puesto un helado Cornetto como la cura contra la borracherra en Shaun of the Dead, incluyó algunos planos más con este alimento en las otras películas, creando así una trilogía, e incluso bromeó que podía ser como la de los Tres Colores de Krzysztof Kieslowski, pero con tres sabores. En el fondo, cada película queda representada por un color o sabor de Cornetto:
  • Rojo (o sabor a fresa) por el gore y la sangre del terror en Shaun of the Dead.
  • Azul (o sabor clásico) por el color de la ropa de los policías ingleses en el thriller de acción de Hot Fuzz.
  • Verde (o sabor menta) por  representar a los marcianos clásicamente como de color verde en los films de ciencia ficción como es The World’s End.
¿No os animáis? Buscad las películas, lo pasaréis muy bien.




Carmen Romero.

viernes, 21 de abril de 2017

Sed de mal



"Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Únicamente a través del amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos" (Orson Welles).
Eso es lo que fue, por encima de cualquier cosa, Orson Welles: un ilusionista, un mago, empeñado en borrar con sus obras los límites entre la realidad y la ilusión. Porque, en definitiva, en eso consiste el teatro o el cine: en crear en el espectador la ilusión de una realidad que no existe.
Orson Welles fue un mago y un genio y, como tal, un hombre difícil; así, tras sus prometedores inicios (aterrorizando a la población con su radionovela “La guerra de los mundos, dirigiendo a los 25 años “Ciudadano Kane”), las puertas de Hollywood se cerraron muy pronto para él.
Era excéntrico, difícil en su trato con los productores y, sobre todo, peligroso para la taquilla. Los fracasos, en 1947, de “La dama de Shanghai” (a la que no salvó ni la presencia de Rita Hayworth ni la  genial escena, tan de magia, de los espejos)  y, en 1948, de “Macbeth”, le expulsaron de la industria cinematográfica estadounidense. Corrían, además, los años de La caza de brujas y se le tildaba de comunista.
Welles buscó refugio en Europa, donde la crítica especializada le veneraba. Aquí consiguió dirigir e interpretar dos películas con la impronta de su genio y, también, de los pocos medios con los que contó: Otelo y Mr. Arkadin. Porque Europa podía ofrecer a Welles reconocimiento y admiración, pero no la financiación y medios técnicos que sus proyectos exigían.
Así estaban las cosas cuando, en 1957, la Universal, le presentó a Charlton Heston el proyecto de una película de género negro. Heston, que se había convertido en una gran estrella tras el estreno, el año anterior, de “Los diez mandamientos”, aceptó porque en el reparto figuraba Orson Welles. Heston, que se había formado como actor de teatro y se había especializado en papeles shakesperianos, sentía profunda admiración por el director y protagonista de “Macbeth” y “Otelo”; impuso, además, que Welles dirigiera la película, y Welles aceptó a pesar de la pésima retribución que le ofrecieron.
Así, gracias a Charlton Heston,  Welles tuvo nuevamente la oportunidad de contar con los grandes medios técnicos de Hollywood; con ellos, y con su magia,  pudo convertir una mediocre novela (“Badge of Evil”, de  Whit Masterson, seudónimo bajo el que escribían  Robert Allison Wade y H. Bill Miller) en una de las más geniales películas del género negro.


“Touch of Evil” (“El toque del diablo”, en su título original) rompe con los esquemas del cine clásico negro para crear una película que es generalmente aceptada como la culminación del cine negro norteamericano (el iniciado en 1941 con “El halcón maltés”).

El argumento se desarrolla en Los Robles, una ciudad fronteriza entre Méjico y Estados Unidos, donde un rico norteamericano muere al estallar su coche en el lado estadounidense, aunque la bomba ha sido colocada en la zona mejicana.

Pasando su luna de miel, se encuentra en la localidad un importante policía mejicano, Ramón Miguel Vargas (Charlton Heston). Vargas se ofrece para ayudar en la investigación y choca violentamente con el policía norteamericano encargado de ella: Hank Quinlan (magistralmente interpretado por Orson Welles). La mujer de Vargas,  Susan (Janet Leigh), se verá crudamente envuelta en los acontecimientos.


La película se rodó en sólo cinco semanas, tras otras dos en las que Welles ensayó con Heston y Leigh, reescribiendo los diálogos del muy mediocre guion que le habían entregado. El apresuramiento quizás se note en que en esta película no hay diálogos memorables, pero la compenetración que el trio consiguió es evidente en el resultado.

Tanto Charlton Heston como Janet Leigh consiguieron, bajo la dirección de Welles, las que quizás fueron las mejores interpretaciones de sus carreras.

No es extraño que las angustiosas  escenas de la asustada, pero nunca acobardada, Susan Vargas en el motel El mirador, dieran a Hitchcock la brillante idea de hospedar a la Leigh en el siniestro motel de Norman Bates.


Y aunque muy breve, sobresale también la interpretación de Marlene Dietrich como la gitana Tanya. Marlene aceptó este papel (lo rodó en una sola noche) para ayudar a Orson en su retorno a Hollywood; tras haber sido amantes, Orson y Marlene continuaban manteniendo una buena amistad, iniciada en el espectáculo circense creado por Orson durante la guerra para elevar la moral de las tropas (en el número principal, Orson, dando rienda suelta a su vocación de mago, cortaba en dos a Marlene).

Tanya, a la que se supone antigua amante de Quinlan, tiene un papel esencial en la historia porque gracias a ella, a través del cariño que todavía guarda a Quinlan, el espectador puede hacerse una imagen del hombre que fue antes de caer en la decrepitud física y moral. Además, Tanya (creación absoluta de Welles), mezcla de Pitonisa y Parca, con sus lacónicas frases convierte a Quinlan en un personaje de tragedia clásica. En su garito, al son de la pianola, encuentra Quinlan su último remanso de paz.

En la película, rodada en blanco y negro, predominan los planos nocturnos, con violentos contrates de luces  y sombras y sórdidas escenas urbanas. La fotografía, magnífica, se debe a Russell Metty, antiguo colaborador de Welles. Está muy presente la influencia del expresionismo alemán y del neorrealismo italiano.

Es imposible no mencionar la  secuencia inicial de “Sed de mal”, una de las más
famosas de la historia del cine: un plano largo de tres minutos y veinte segundos, con la cámara sobre una grúa móvil, que se inicia con la colocación de una bomba y termina con su explosión. Es el ejemplo paradigmático de la habilidad y originalidad de Welles como director.

Aunque Welles se había especializado en la utilización del plano corto en sus películas europeas, eso se debía (tal y como explicó al crítico André Bazin) a que “un plano largo necesita un equipo técnico muy importante, muy hábil, y hay muy pocos equipos europeos capaces de resolver bien un plano largo… En “Sed de mal… fue con mucho la parte más costosa del filme…  Es mucho más barato hacer esta imagen, luego esta otra, y tratar de empalmarlas más tarde en la sala de montaje. Prefiero evidentemente controlar los elementos que están delante de la cámara mientras puedo, pero esto exige dinero y la confianza del productor”.

“En la sala de montaje trabajo muy despacio, lo que suele desencadenar la cólera de los productores, que acaban por quitarme el filme de las manos… Las imágenes en sí mismas no son suficientes, son muy importantes, pero no son más que imágenes. Lo esencial es su duración, lo que sigue a cada una de ellas; toda la maravillosa elocuencia del cine se forma en la sala de montaje”.

Por ello es de comprender la rabia que le produjo el que, al quedar terminada la película, la Universal, que encontraba la película demasiado confusa y sórdida, realizará algunos cortes y añadiera algunos primeros planos, a cargo de Harry Keller que no figura en los créditos.


Indignado, Orson redactó un informe de 58 apasionadas páginas en el que indicaba como debía montarse la película para que pudiera mantenerse su autoría. La Universal se negó a considerarlo, a pesar de los esfuerzos que Heston también hizo en ese sentido. Afortunadamente, Charlton Heston guardó una copia de este informe que sirvió para realizar una versión restaurada que se estrenó en 1998 (Welles murió en 1985).  

Los retoques de la Universal, entre otras cosas, eliminaron el tema musical principal compuesto por Henry Mancini para el plano-secuencia inicial, cuyo sonido se redujo al ambiental. “Sed de mal” fue la primera banda sonora compuesta en solitario por Mancini, que se había formado como arreglista y pianista con Glenn Miller. Welles le permitió bastante libertad, aunque le dio algunas directrices básicas, y Mancini combinó jazz y rock and roll y mucha percusión.

 

Truffaut  opinaba que “… las imágenes de Welles cantan y vuelan, mientras que la música de Henry Mancini sigue siendo agradablemente terrenal”.  Porque, ciertamente, una característica de “Sed de mal” es su rapidez, con los personajes en constante movimiento dentro del plano.

 

“Sed de mal” es una historia de ambigüedad y cinismo moral; la historia del choque violento de dos personalidades y dos maneras de entender la justicia: la del atildado y correcto Vargas y la del alcohólico y desaliñado Quinlan.

 

Welles, que sólo tiene 42 años, se envejece y afea porque quiere mostrarnos a un hombre físicamente y moralmente derrotado. Han pasado sólo ocho años desde que interpretó, en toda su plenitud física,  al Harry Lime de “El tercer hombre”, pero ahora, aunque es cierto que ha ganado kilos desde entonces, afea su aspecto extraordinariamente, porque desea que exprese la turbiedad moral de un personaje que se ha envilecido al no respetar la ley.


Pero tras esa primera impresión, y recordando que Welles, como buen mago, se niega a dar soluciones al espectador, éste ha de seguir pensando (siempre la necesidad de colaboración activa por parte del público) y decidir por sí mismo si Quinlan es realmente tan perverso como inicialmente parece; porque se deja claro que cuando utiliza pruebas falsas (cuando “ayuda a la justicia” como él lo denomina)  es porque está convencido de la culpabilidad de los detenidos y jamás busca su propio lucro. Y, además, tiene razón en sus intuiciones; es, como lo definirán en un momento de la película, un gran detective y un mal policía…

En realidad, Quinlan es un justiciero que choca con la Justicia, con letras mayúsculas, representada por Vargas. Por ello es tan adecuado el escenario de frontera, tan propio para que en él se enfrenten dos maneras de ver el mundo: la ya caduca de un Quinlan (que clama contra “los idealistas que crean al mundo las mayores complicaciones”) y la de un Vargas que defiende que  “En cualquier país libre, un policía tiene la obligación de respaldar a la ley y la ley protege al culpable lo mismo que al inocente”

Orson Welles, confeso admirador de John Ford ("Prefiero los viejos maestros, es decir John Ford, John Ford y John Ford"), del que había aprendido a utilizar la profundidad de campo característica de sus películas, parece incluso rendir homenaje a Ford en esta especie de western moderno, sórdido y terrible. Algún eco de “El hombre que mató a Liberty Valence” se puede encontrar en las dos maneras de ver el mundo que también presenta “Sed de mal”, si bien la ambigüedad y turbiedad moral de Quinlan está lejos de la heroicidad callada y limpia de un Tom Doniphon.

“Sed de mal” fue un fracaso absoluto de público y crítica. Orson Welles no volvió a dirigir con ninguna gran productora norteamericana. A pesar de ello, en la década siguiente, dirigió dos grandes películas: “El proceso” y “Campanadas a medianoche”; esta última la obra de la que más satisfecho se sentía Welles y que hoy, junto con “Ciudadano Kane” y “Sed de mal”, se considera una de sus obras maestras.

El resumen de la vida y de la pasión por el cine de Welles bien podría ser la declaración que él mismo hizo en el magnífico documental de Julia y Clara Kuperberg, “This is Orson Welles”:

“He perdido gran parte de mi tiempo buscando dinero, tratando de salir adelante. Quise vivir gracias a esas cajas de colores ruinosas que son las películas. Gasté demasiada energía en cosas no relacionadas con el cine. Una película es el 2% de creación y el 98% restante de prostitución. No es manera de vivir la vida”

Fue su manera de vivir la vida.
Yolanda Noir


viernes, 7 de abril de 2017

Clash (XV Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia)

Nuestra anterior entrada fue sobre el Festival de cine de Mar del Plata y ahora hacemos una sobre el Festival de Cine y Derechos humanos de Donostia. Parecerá que llevamos una vida de glamour y lujo, de festival en festival. Nos encanta dar esa imagen, aunque esté totalmente alejada de la realidad. La verdad es que yo, cuando me jubile, pienso hacerme la ruta de los festivales porque me parece un plan buenísimo pero, de momento, aprovechamos lo que tenemos a mano y lo disfrutamos mucho.
Este año es la XV edición de este festival en el que se premian corto y largometrajes y hay un premio que concede Amnistía Internacional. También se hacen actividades para niños y jóvenes, proyecciones en centros culturales y este año se proyectará una película en la cárcel de Martutene con posterior coloquio.
El 31 de marzo era la inauguración y vimos dos cortos: El mundo de Embarka (Raúl San Román) sobre una niña saharaui
El mundo de Embarka
y The cut (Evangelina Soumeli), un cortometraje griego sobre una cirujana que tiene dudas sobre si es ético practicar la ablación del clítoris a una niña para evitar que se lo hagan en pésimas condiciones. Ninguno de los dos nos interesó mucho. El de la niña saharaui dura tres minutos y parece más un tráiler que un corto; el griego, tocando un tema interesante, no llega a conmover ni a impactar, queda todo un poco deslavazado y disperso.
The cut
La película era Clash, un film egipcio-francés de Mohamed Diab. La película obtuvo el premio “Un certain regard” en Cannes en 2016 y los premios a mejor nuevo director y fotografía en Valladolid en 2016. El director, aparte de ser muy guapo como muestra la foto, estudió cine en Nueva York y luego comenzó a escribir guiones.
Mohamed Diab
Su primera película como director fue El Cairo 678. Basada en hechos reales, narra la lucha de tres mujeres contra el acoso sexual.
Clash también es una muestra de cine social, lo que no es de extrañar viviendo en Egipto. Este tipo de películas, en las que lo que te cuentan es algo impactante, cercano a la realidad y que pretender denunciar  o llamar la atención del público respecto a un conflicto son difíciles de valorar. A mí, por lo menos, me producen tal mezcla de emociones y sentimientos que me resulta casi imposible decidir si me han gustado. En este caso, no hay duda de que Clash me ha interesado.
Clash
La acción se sitúa en El Cairo en 2013. Después de la Primavera Árabe y el fin del gobierno de Mubarak, los hermanos musulmanes ganaron las elecciones y Morsi fue elegido presidente. En julio de 2013 se produjo un golpe de estado encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi. Ese verano de 2013 las revueltas son constantes en la calle y la represión policial intensa. En un furgón de la policía acaban detenidos un grupo de personas pertenecientes a diferentes corrientes políticas y con situaciones personales diversas: un periodista americano de familia egipcia, un cámara, un hombre que busca a su hijo, un dj, un grupo de hermanos musulmanes, una familia… Hay tanto caos en el interior del furgón como en las calles. Las diferencias parecen irreconciliables. Pero todos tienen sed, calor, miedo y preocupaciones. Tienen también muchas cosas que les unen, incluso con los policías. La película es bastante desoladora, sales con la sensación de que el género humano no tiene remedio, por lo menos a la que te sales de la escala micro (y, a veces, ni en esa). Es difícil decir si me pareció una buena película, tiene una estructura muy teatral, todo pasa en el interior del furgón, hay algún momento en que resulta un poco reiterativa pero, sin duda, capta tu atención y te remueve. A la salida fuimos con mis amigos a tomar un vino para animarnos y a consultar en Google la historia de Egipto mientras nos preguntábamos qué se puede hacer para que la humanidad deje de matarse. Creo que a Mohamed Diab le hubiera parecido suficiente.

Mona Jacinta (www.niudemones.com)





viernes, 24 de marzo de 2017

Auge y caída de un ídolo: Max Linder

Hubo una vez, en la Francia que había inventado hacía nada el cine, un actor, un cómico, un artista admirado por miles de personas. Una de las pirmeras estrellas del cine: Max Linder.


Max Linder, arquetipo del dandy de principios de siglo XX

Maximilien Gabriel Leuvielle nació en diciembre de 1883 en la Gironda francesa, cerquita de Burdeos, zona vitivinícola. Tanto que su familia se dedicaba a producir vinos, aunque según algunas referencias, como el wikipedia, digan que su familia era de orígen hebreo, otras, en cambio, hablan de un orígen cristiano-católico, lo cual no importa para el personaje porque se dedicó al teatro, music-hall y cine, y no a la religión.

Primer plano con chistera

Linder era un tipo que gustaba mucho a las féminas de la época. De figura esbelta, atlético, con el bigotillo que lucían los mozos hace cien años. Sus aventuras en el celuloide hacían que fuera adorado como un dios del Olimpo. En 1905 mientras se pasaban imágenes a ritmo de pianola, Linder era el héroe que todos veían. Pierre Étaix, colaborador de Jacques Tatí, cuenta en una entrevista sobre la época que nos ocupa que Max Linder buscaba innovación y efecto. Relata que en famoso Olympia de París, al empezar una función, un presentador se excusaba porque Linder no había llegado al lugar, acto seguido, sonaba un teléfono, la pantalla del Olympia se iluminaba y salía la imagen de Linder con el teléfono pegado a boca y oreja  con ambas manos(Era un modelo antíguo), cuelga y sale de la casa corriendo, haciendo mil acrobacias y jugándose el tipo para llegar a su cita con el público del teatro. Monta en un globo que aterriza sobre el tejado del teatro, se cuela por la chimenea y aparece en vivo sobe el escenario. Un golpe de efecto espectacular para la época. La gente que asistía al Olmpia irradiaba sorpresa y admiración. Efectos magistrales -de entonces- como estos lo convertían en un ídolo, aunque cada vez tiraba más hacia el celuloide.


¿Es Errlo Flynn, es Clark Gable? No, es el adorado Max ¿Quienes son los otros?

Llegó a rodar en Barcelona hacia 1912 y para ello congregó a 10.000 personas en la plaza de toros. El film se iba a titular "Max, toreador", que ya se sabe que los franceses, Bizet lo sabe, a los toreros los llaman toreadores. Para rodar, Linder contrató una corrida de toros de verdad, y salió vestido de luces al albero (La imagen de Linder vestido de torero es la que recuerdo de toda mi vida). En aquella época no se tenía cuidado del protagonista ni había especialistas. Linder toreaba, como Cantinflas, aunque fueran vaquillas. Linder no dejaba de rodar sus aventuras de dandy alocado. 



Linder vestido de luces en Barcelona

Su éxito fue inmediato en los cinematógrafos de medio mundo. Charles Chaplin llegó a decir que era su discípulo.Pero no todo fue tan fácil en una carrera de artista adorado, pronto Linder se ve envuelto en un efecto mariposa. Si una mariposa en Sarajevo bate sus alas cercana a un atentado con bomba, se monta la primera guerra mundial. 

En plena escena

Linder es llamado a filas a defender la línea Maginot y fue intoxicado de lo lindo con gas mostaza. Ya se sabe la maldita manía de los que inventan las guerras de probar agentes químicos que destrozan las vidas de los enemigos y de los miembros de las tropas propias, además, claro de sufrir los horrores varios de la miserable trinchera, Linder nunca se recuperó del todo, siempre le quedaron secuelas de tanta exposición, que unidas al horror de aquella guerra tan sanguinaria (No hubo familia francesa que se librara de rezar un funeral por algún familiar muerto en combate) marcaron el resto de su vida con  problemas psíquicos. Corría el rumor de que había muerto en las trincheras y sus seguidores se mostraban desconsolados. Ya se sabe que en aquella época los monstruos del cinematógrafo tenían unos "fanes" que ya los quisiera Lady Gagá.

Una de sus escenas, que a todos agradaba

Licenciado del servicio y después de recuperarse de las heridas menos graves -las físicas- como combatiente, fue enviado a los EEUU para seguir con su carrera hacia 1916, donde conoció por fin a su devoto linderista Charles Chaplin. No le fue demasiado bien la aventura transoceánica, y volvió a su país recién pacificado en 1918.

Aquí, con el amigo y admirador Chaplin

A partir de esos años protagonizó algunos largometrajes, siempre con su impecable frac, su peinado cuidado, su bigotillo bien recortado y su aire de dandy, pero las depresiones postbélicas de Linder le llevaron al consumo de drogas para poder soportar su vida, decidió cercenarse las venas junto a su esposa un día gris de otoño de 1925. Este ídolo del cine mudo murió a los 41 años aún joven. Como muchos otros famosos artistas de la época del mudo, su memoria fue olvidada, aunque su hija Maud Linder hizo verdaderos esfuerzos para reivindicar su nombre.


El libro de su hija Maud

Linder cayó en un olvido injusto, como otros muchos actores que hicieron soñar a un par de generaciones, quizá porque era francés y no yankee, quizá porque se quitó la vida joven, harto de los problemas que la guerra le causó y que no supo resolver, pero el actor al que Chaplin admiraba y que otros copiaban fue un día el actor más querido y admirado del joven cine.



Documental de 2014

Hace unos tres años, el cineasta Elio Quiroga, produjo un documental sobre Linder titulado "el misterio del rey del cinema" basado en las películas y las memorias de Maud Linder sobre su padre. Cien años después, algunos pocos intentan redescubrir su nombre. 


He aquí este modesto homenaje al "roi du cinema".


Por Juli Gan.