No podría decir cuando vi "La Heredera" por primera vez pero sí sé que era pequeña y que me produjo un gran impacto.
A lo largo de los años, la he vuelto a ver varias veces más y siempre me ha encantado, así que esto me llevó a leerme la novela de Henry James en la que está basada: "Washington Square", ignorando dos cosas que ahora sé.
La primera es que la película no está basada en la novela, sino en una obra de teatro que la adaptaba llamada también "La Heredera" y firmada por Ruth y Augustus Goetz.
Y la segunda que sufro de intolerancia extrema a la prosa de Henry James, como me volvería a demostrar la (farragosa) lectura de "Otra vuelta de tuerca", alentada esta vez por los sufrimientos de Deborah Kerr en "Suspense" la gran película de Jack Clayton.
Quizá conozcáis ese chiste que contaba Hitchcock en la famosa entrevista que le hizo Truffaut:
Una cabra está comiendo de la basura el celuloide de una película basada en un best seller y otra se le acerca y le dice:
- ¿Qué tal está?
- Pst, me gustó más el libro.
Pues esta entrada trata precisamente de lo contrario, de un caso en el que a mí (por lo menos) me gustó muchísimo más la película. Algo que como acabo de mencionar, me ha pasado por lo menos en otra ocasión con "Suspense". Es más, hablo de un caso que bajo mi punto de vista la obra cinematográfica se independiza de la novela y crea su propia ficción, de muchas más entidad que el original.
En el caso concreto de "Washington Square" más que un problema con el estilo literario del autor, es que la historia en sí me produjo una gran decepción, al no encontrar en ella apenas rastro de todas las complejas relaciones entre los personajes protagonistas que se describen magníficamente en la película de William Wyler.
Los personajes en cuestión son el Doctor Sloper (Ralph Richardson), un reputado médico con exitosa consulta en una zona exclusiva de Nueva York en el siglo XIX. Su hija Catherine, sin ningún pretendiente a la vista a pesar de ser la única heredera de la cuantiosa fortuna de su padre, la tía viuda y pariente pobre oficial de la familia (Miriam Hopkins) que ahora intenta hacerse un hueco en casa de sus familiares más acaudalados y por último un joven atractivo, bien educado y ¡oh, casualidad! pobre (Montgomery Clift en su mejor momento físico e interpretativo) .
Revisando en estos días críticas y reseñas de "La Heredera", me ha sorprendido encontrar en casi todas similares comentarios negativos sobre el físico de la protagonista "una joven heredera poco agraciada físicamente" como la describe la carátula de mi DVD, a la que por cierto pertenecen la foto que acompaña a esta entrada.
La actriz que la interpretó fue Olivia de Havilland, conocida por muchas cosas como ser la novia eterna de las películas de la mejor época de Errol Flynn o por ser la sufridísima Melania de "Lo que el viento de llevó" pero desde luego, no por ser "poco agraciada físicamente".
Entonces ¿por qué interpreta a una mujer tan poco agraciada? ¿Es por la habitual costumbre de Hollywood de que los personajes femeninos "poco agraciados" los interpreten actrices atractivas, si acaso afeadas con unas gafas (¡Oh, cielos, gafas! ¡Qué horror), un mal peinado, o (Dios no lo quiera) con horas de maquillaje que eviten que alguna vez veamos a una actriz "poco agraciada" en pantalla?
En este caso y por una vez, la actriz escogida tiene el físico que corresponde al personaje y lo creo porque en pantalla yo no veo una mujer "poco agraciada físicamente". Que ¿cómo la describe Henry James? Pues de una forma muy cansina seguro, pero no, no recuerdo si dice que es guapa ni fea, ni pienso buscarlo, porque como he dicho al principio, preferiría comerme una lata de película que volver a leer nada de James.
Lo importante de la película es que realmente se siente poco atractiva y muy poco segura en sociedad ya que además no domina nada de lo que la haría brillar como bailar o coquetear. En definitiva no importa su físico, sino cómo se ve a sí misma y cómo la ven los demás: insegura, tímida, vestida de forma inadecuada.
Como se ve es mucho más difícil describir, sobre todo con la economía narrativa que lo hace "La Heredera", a una persona así, que decir de ella que es ¿cómo era? "poco agraciada" y despachar así, cuáles son los problemas de nuestra protagonista y como todos parecen solucionarse para ella, con la aparición del pretendiente soñado.
Pero ¿es realmente un joven tímido que se ha enamorado realmente de la bondadosa Catherine o solo le interesa su cuantiosa fortuna? Ante esto el doctor Sloper rápidamente tiene una opinión y no duda ni por un segundo en que sus intenciones no son sinceras y que es totalmente imposible que se haya podido enamorar de su hija. Al contrario que la tía de Catherine, que actúa de celestina entre ambos y apuesta por el pretendiente desde el principio.
¿Por qué el padre está tan seguro de que es un cazafortunas y por qué la tía parece creer - y atención a que digo "parece creer" - ciegamente en todo lo contrario?
Y Catherine ¿por qué se siente tan sumamente insegura si el joven, rica y más agraciada de lo que las maledicentes carátulas insisten en asegurar?
Y es aquí donde retomo el tema de la decepción que me supuso la lectura de Washington Square, que no sea nada sutil, que simplemente presente una historia de una mujer que no consigue casarse hasta que encuentra a un hombre que parece perfecto, pero sobre el que se cierne la duda de si su verdadera intención no será el dinero que va a heredar, y que una vez resuelta la duda, no deja más poso.
Si antes hemos hablado de la novela publicada en 1.881 por Henry James, de la obra de teatro que la adapta "La Heredera" y de la película del mismo nombre dirigida en 1.949 por William Wyler, para completar el círculo en el año 1.997 Agnieszka Holland dirigió una versión cinematográfica de la novela de James (no un remake de La Heredera) y que justamente se título igual que la novela "Washington Square".
Y en ese aspecto, la versión de Holland es muy fiel al original, así tenemos una (horrible) escena en los primeros minutos en la que la protagonista, siendo una niña, cuando debería ser el centro de su fiesta de cumpleaños, se orina delante de todos los invitados para indicarnos el miedo que le produce la gente y su propio padre que la observa desaprobador.
Tampoco es precisamente ambigua la elección de la actriz protagonista: Jennifer Jason-Leigh, una intérprete a la que cualquiera asociaría con la imagen de una mujer dura y resentida, además de la peor compañera de piso posible.
En fin, que si quieres saber, sin mucho esfuerzo, cuál va a ser el destino de Catherine, puedes ver "Washington Square" o leer "Washington Square". Y que veas "La Heredera" si te interesa más plantearte, incluso después de ver la película una y otra vez, cuál es el hilo con que ha tejido el doctor Sloper las relaciones con su hija. O si la verdad, además de hacernos libres, nos hace siempre más felices. O si la tía de Catherine es una ingenia romántica, o una mujer muy práctica que sabe que detrás de un buen matrimonio no siempre hay amor sincero y pajaritos, y que conoce en sus carnes lo difícil que es no tener marido en la época que le tocó vivir. O si el adorable pretendiente es pobre e idealista, o un arrivista sin escrúpulos, o un arrivista sí, pero con sentimientos encontrados.
Yo, por mi parte os invito para ver, o volver a ver "La Heredera", y sus magníficas interpretaciones, la delicadeza y ambigüedad de sus gestos, de sus miradas, los detalles que tienen más importancia que las grandes declaraciones, en una película en la que no sobra absolutamente nada, y en que cada objeto (un bordado sin acabar, unos guantes de buena calidad) y cada gesto (una criada que alaba un vestido que jamás podrá tener, un hombre que toma un cigarro sin que se lo ofrezcan) esconde tantas interpretaciones como uno le quiera dar.
Loque