sábado, 24 de junio de 2017

EL BAR




Tenía verdadera expectación por ver lo último de Alex de la Iglesia y "El Bar" como intuía,no me decepcionó.
He de decir que a diferencia de otras películas suyas,aquí los títulos de crédito no me impactaron,pero eso sí, el arranque sigue dejando el listón muy alto.
Voy a exponer aquí los principales puntos fuertes por los que "El Bar"me parece recomendable:


- Primero,la acción con de la Iglesia,las dosis de esperpento y violencia,están garantizadas...l@s adict@s a la adrenalina,tienen aquí sus momentos de acción y tensión.....la diversión,además,va de la mano de este ritmo a veces frenético y siempre,rápido.



- La crítica a nivel micro de una sociedad,la nuestra,egoísta,que se mueve por intereses individuales,el pez grande que se come al chico,una sociedad además,patriarcal,deshumanizada,mezquina,donde impera la fuerza bruta y donde quien tiene el poder es incapaz de ejercerlo de forma democrática y tiende irremediablemente al despotismo,a la forzosa sumisión de los más débiles.


- Terele Pávez,gracias Terele por no jubilarte,por seguir ofreciéndonos papeles como el de Amparo,la que regenta el bar,y es a la par protectora a la par cobarde y mezquina si el miedo se apodera de ella,como tod@s en realidad,porque el miedo tiene a aflorar la persona que en realidad somos....


- Carmen Machí, por ser tan buena actriz,capaz de transmitir con la mirada todos los registros emocionales habidos y por haber......


. y sí.....el Bar es un ejercicio claustrofóbico y también sociológico,con personajes que luchan por sobrevivir y no dudan en arremeter unos contra otros a fin de salvarse a costa de competir.


. Blanca Suarez es otro de los motivos por los que ver el bar,porque la fuerza y el convencimiento que da a su personaje marca a mi modo de ver un antes y un después es su corta pero  imparable carrera.
Su personaje de Elena,es posible el que más evoluciona a lo largo de toda la trama,y nos deja momentos inolvidables en el tramo final.......es su recorrido de la aparente pijería y superficialidad hasta adquirir rasgos casi de heroína,es de los más interesantes que se dibujan en la película......


.No voy a desvelar el desenlace pero diré que el final me parece perfecto,visualmente efectivo,simbólico y de esos que se quedan para siempre clavados en tu retina.

Mi enhorabuena porque de verdad que este BAR  no será una obra maestra pero desde luego conserva todos los rasgos de identidad de DE LA IGLESIA,y sus seguidores,como es mi caso,no saldrán decepcionados,eso sí, no espereis ni moderación ni minimalismo,aquí como viene siendo habitual cuño en la casa,en su cine triunfa el EXCESO,LA IRONÍA,EL HUMOR NEGRO Y LO GROTESCO,no importa si se roza lo sucio incluso el gore,así es el cine de ALEX DE LA IGLESIA, y así queremos que siga siendo,irreverente y crítico.que ustedes lo gocen bien.....

Buen fin de semana zinéfil@s, aprovecho para desde aquí volver a dar mi cálida bienvenida a las recientes incorporaciones  de Zinéfilas.Un abrazo a todas y otro bien fuerte a cada un@ de nuestr@s seguidor@s.


TROYANA.




viernes, 16 de junio de 2017

No puedo crear tu alma: 4 casos de Pigmalión

La historia de Pigmalión y Galatea es un relato clásico en la que un escultor se enamora de la obra que ha creado. El artista había rechazado casarse como hacían otros hombres y se consagró a su talento, hasta que al final se enamoró de una de sus bellas figuras femeninas, Galatea. Afrodita, conmovida, la hizo de carne y hueso, y así ambos quedaron juntos. De ese modo, Pigmalión cumple una fantasía típica masculina: hallar a una bella mujer, que además, ha sido creada por y para él.

(*)

En el cine, hemos encontrado esta historia muchísimas veces: Venus era mujer-A Touch of Venus (con una divina Ava Gardner), Maniquí-Mannequin (un remake muy ochentero con un Spader gominoso y snob) o La Mujer Explosiva-Weird Science (donde se muestran los 'daños' de mezclar las hormonas adolescentes y la informática de los 80).


¿Pero qué sería sólo de esta historia si no hubiera un poquito de subversión? La verdad es que un premio al deseo masculino... Así que es muy interesante movernos de esta fantasía y crear algo diferente a lo esperado... Siguiendo esta idea, el dramaturgo George Bernard Shaw realizó una adaptación de la obra de Ovidio para el teatro en 1913. En ella, Galatea se convierte en una vendedora de flores del londinense Covent Garden, Eliza Doolittle, y Pigmalión en Henry Higgins, un profesor de fonética.


La casualidad y un malentendido, unen a la inocente joven de los barrios bajos con el profesor solitario y gruñón. Ella decide tener una educación para evolucionar y él, pese a las quejas iniciales, la acoge a modo de experimento. Como no es de extrañar, ambos acaban influyendo en el otro, y Higgins, la considera una propiedad, una estatua que él ha esculpido. Ciego a los sentimientos de ella, a su alma e inteligencia, acaba por alejarla, hasta darse cuenta de lo que la necesita.


Así, Shaw pone un fondo feminista en esta historia, además de otros elementos que critican la sociedad de su época. La Galatea de su obra, no es un premio, es un ser humano, lleno de sentimientos y pensamientos, que debe ser conquistado, de igual a igual, no ser tratado como un regalo. Ella evoluciona al ser que debería haber sido en circunstancias diferentes de haber nacido en otro lugar, y su cambio no es sólo externo, es también interno, algo que deja fuera de juego a nuestro "Pigmalión", que ve a un igual finalmente, pero que le cuesta reconocerlo, porque sus sentimientos están implicados y por su creencia en la "superioridad" masculina.

 

El cine acabó por rendirse a esta historia en 1938, en una adaptación homónima, cuyo guión (del propio Shaw) ganó un Óscar, aunque el escritor lo despreciara. El sex-symbol de la época, Leslie Howard, interpretaría al profesor y la encantadora Wendy Hiller, actriz favorita del propio Shaw, a Eliza. Este film es una auténtica gozada que yo recomiendo como la más cercana a la obra de teatro, y llena de geniales interpretaciones por parte de los protagonistas y secundarios. Las emociones de Hiller y Howard van 'in crescendo', y se entiende la desesperación y enamoramiento de ambos personajes según se avanza hacia el final. Para mí, ambos superan en sus roles a intérpretes posteriores, y la película es mucho mejor que la hiperconocida My Fair Lady.


Así, hablemos de "Mi Bella Dama". La obra de Shaw se convirtió en un musical clásico y respetado, de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, que sería llevado al cine por George Cuckor. Rex Harrison, que había triunfado en la obra musical en los escenarios, volvería a repetir el papel de profesor refunfuñón, pero su compañera en el teatro, Julie Andrews, debería ceder el puesto a la angelical Audrey Hepburn, que aunque acabó no cantando, era una reconocida estrella del momento (no como Andrews). Cualquiera que haya visto la película, que es una maravilla para los oídos y los ojos, sabe que disfrutar de algo así es conocer lo que es el cine, aunque también es cierto, que la diferencia de edad entre ambos actores resulta demasiado evidente (tanto como para preguntarse por qué Eliza no escoge de verdad a Freddy, interpretado por Jeremy Brett).... Why Can't The English, I Could Have Danced All Night, Just You Wait, On the Street Where You Live, The Rain in Spain, Without You, o I've Grown Accustomed to Her Face, son parte de las Bandas Sonoras de nuestra vida.


A continuación, hablaré de dos películas que son más bien unas versiones alternativas a este Pigmalión de Bernard Shaw: Morena Clara y Ruby Sparks.

¿En serio que Morena Clara? ¿La de Lola Flores? Pues debo decir que sí, que aunque haya una versión anterior con Imperio Argentina, y se diga que adapta a la obra es de Antonio Quintero y Pascual Guillén, hay claros ecos a la obra de Shaw. Esta Morena Clara se hizo a la medida de "La Faraona", y en ella, Lola Flores era la protagonista, que se enfrenta junto a su tío "Regalito" (el genial Miguel Ligero) a una condena por robo de jamones. El fiscal más recto de Sevilla, interpretado con gracia por Fernando Fernán Gómez, la acusa a ella y a su etnia del origen de sus crímenes, por lo que tras un gran discurso en el juicio, se ve obligado a acoger a Morena Clara y a su tío, para demostrar si la educación cambia a las personas. Así, ambos personajes, se ven influenciados el uno por el otro, y aunque parezcan pertenecer a mundos diferentes, acaban evolucionando y enamorándose (ante los atentos ojos de los fantasmas de sus antepasados, que fueron los que iniciaron el altercado entre la estirpe de Morena y la del fiscal). Y es que no hay una "despedida" de Eliza mejor, que la de la protagonista de esta película.


Siguiendo en el lado de la fantasía, en 2012, se estrena Ruby Sparks, escrita y protagonizada por Zoe Kazan (sí, de los Kazan de Elia Kazan) y su pareja en la vida real, Paul Dano. Aquí, Dano es Calvin, un joven escritor estrella con bloqueo creativo...hasta que empieza a soñar con Ruby, una "Manic Pixie Dream Girl"...todo lo cual resulta normal, hasta que la chica aparece en carne y hueso en su cocina. La vida de ella se basa en lo escrito por él, de forma literal. El protagonista, tomando aún un mayor control sobre su "novia", se da cuenta de que todo lo que escribe en su máquina de escribir, es una realidad en la chica, lo cual al principio supone la mejor fantasía masculina que se pueda crear (es una auténtica Galatea, esculpida con sus pensamientos), pero después con la interacción real, acaba siendo una Eliza que quiere tener su propia vida y sus propios pensamientos, para el horror de Calvin. Solucionar tal fantasía y realidad implicará un problema para el protagonista, porque hay que tener cuidado con lo que se desea.



Así que aquí tenéis los cuatro ejemplos de algunas de las Elizas y Henrys que podéis encontrar en la gran pantalla, y que espero que sean de vuestro agrado...las fantasías son hermosas cuando se hacen realidad, pero las personas son más profundas que un sueño efímero.

Carmen

NOTA: en una variación más amplia de este mito, podríamos poner la evolución social que viven los protagonistas de los siguientes films: Educando a Rita-Teaching Rita (con el personaje de Julie Walters deseando educación), Entre Pillos Anda el Juego-Trading Places (con Murphy como el pobre carterista evolucionado y con modales), Pretty Woman (con Roberts, como la prostituta de gran corazón) o Kingsman ("los modales hacen al hombre" o a Eggsy, en este caso, y que cita a algunas de las películas de este artículo).


(*): la pintura es de Jean Léon-Gèrôme, por si tenéis la duda.

PD: "autobombo" - En nuesta página "El Sitio de Jane" celebramos, junto con la Biblioteca de Arroyo de la Miel en Málaga, un evento para conmemorar los 200 años de la muerte de la escritora Jane Austen: "Bajo el Sol de Austen". Si puedes estar en Málaga el 22/07, ¡acercate! además de charlas, picnic y teatro, pondremos Love & Friendship de Whit Stillman :)

viernes, 9 de junio de 2017

Encadenados

Hay algo más importante que la lógica: es la imaginación" 

(Alfred Hitchcock)



.
Esa fue la máxima que guió a Alfred Hitchcock en todas sus películas. En todas utilizó grandes dosis de imaginación para presentar sus historias de la forma que más tensión (suspense) pudiera causar a su público; con razón se le conoció como "El mago del suspense".

“Encadenados” (“Notorius”, es el título original), de 1946, fue uno de los grandes éxitos de Alfred Hitchcock, tanto de crítica como de público (costó dos millones de dólares y dejó ocho de beneficio).

Las claves del éxito de una de las mejores películas de Hitchcock (indudablemente, una de las mejores de las que rodó en blanco y negro) fueron: dos estrellas consagradas, Ingrid Bergman y Cary Grant, como la más atractiva y compenetrada de las parejas protagonistas; unos secundarios de lujos, Claude Rains y Leopodine Konstantin, como perfectos malvados; y un “Mac Guffin” impecable…

Hitchcock se formó en el cine mudo británico, donde comenzó su carrera en 1922. En 1929 dirigió la primera película hablada del cine británico, “La muchacha de Londres”, y en la década siguiente se consagró como el director más popular del cine británico. Desde el inicio de su carrera destacó por su capacidad narrativa, su forma de entender el suspense mediante la complicidad con los espectadores y por la gran fuerza visual de sus películas (se atenía al principio de que “Si una película es buena, el sonido podría irse y la audiencia todavía tendría una idea perfectamente clara de lo que pasa”).

No le importaban la motivación ni el contenido, sólo el resultado final. Tampoco le interesaban los ensayos previos, porque cuando empezaba la película ya tenía sobre el papel como iba a ser cada plano (decía que lo contrario era como si un músico compusiera la música ante la orquesta). Trabajaba tan en conexión con los guionistas y con los los directores artísticos que convertía los guiones en una especie de cómic de lo que finalmente serían las películas.

En 1939, David O. Selznick, el mítico productor estadounidense, lo reclutó para Hollywood, y Hitchcock inició su etapa americana con un éxito clamoroso, “Rebeca” (1940), la única de sus obras que consiguió ganar un Oscar a la mejor película.

“Enviado especial” (1940), “Matrimonio original” (1941), “Sospecha” (1941), “La sombra de una duda” (1943), “Náufragos” (1944), “Recuerda” (1945)… la carrera de Hitchcock pronto se afianzó en Estados Unidos.

A partir de 1943 empezó a trabajar en una historia que le había proporcionado Selznick, un relato corto y anticuado, “La canción de las llamas”, sobre una joven actriz que, a solicitud del gobierno, se acuesta con un espía para sonsacarle información.

A principios de 1945, partiendo de ese embrión, Hitchcock tenía ya las bases del guión para una película interpretada por Ingrid Bergman, la gran estrella con la que acababa de lograr un importante éxito en “Recuerda”, y Cary Grant, con el que ya había rodado “Sospecha”.

Sin embargo, el inicio del rodaje se fue retrasando porque Selznick estaba inmerso en la producción de “Duelo al sol”, la película con la que pretendía lograr dos objetivos primordiales para él: revivir el inmenso éxito de “Lo que el viento se llevó” y convertir en gran estrella a su amante, Jennifer Jones.

A Hitchcock la demora no le importó; le permitía seguir perfeccionando el guión junto a Ben Hecht, el guionista, mientras cobraba un sueldo considerable. Finalmente, Selzink, que no quería distraerse de “Duelo al sol”, vendió la película (todo el paquete: director, actores, guión…) a la RKO. Si Hitchcock, que había mantenido discrepancias con el muy controlador Selznick durante el rodaje de “Recuerda”, pensó que así se iba a librar de las continuas injerencias del productor, se equivocó: Selznick impuso su criterio en diversos aspectos: en dar mayor importancia al papel de su amigo Grant, en que la película tuviera un final feliz, aumentar también la relevancia de la suegra dominante...

En realidad, la película, una historia de amor, sexo y espionaje, parte de planteamientos sencillos: un triángulo amoroso (con el aditivo de la suegra envenenadora) y tres elementos esenciales de suspense: unas botellas que esconden uranio, la llave de la bodega donde se guardan y una taza de café.

Y aquí es donde entra en juego el “Mac Guffin”, que es el nombre escocés que Hitchcock utilizaba para designar al pretexto argumental que permite avanzar a la trama y que, como le explicó a Franćois Truffaut en las entrevistas que dieron lugar al libro “El cine según Hitchcock” (publicado en 1966), es algo que “debe ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importante para mí, el narrador”.

El “Mac Guffin”de “Encadenados” es ese uranio escondido en unas botellas. Un simple pretexto para crear el suspense que sustente la trama; ¿quién ha visto la película y no se ha sentido angustiado mientras Grant busca entre las botellas sin advertir, al contrario que el espectador, que una de ellas va a caer al suelo? Pues eso… un pretexto. Porque lo qué ese grupito de nazis pudiera hacer en Brasil con unos gramos de uranio queda absolutamente ignorado, tanto por Hitchcock como por el espectador.

Sí es interesante señalar que Hitchcock eligió su “Mac Guffin-uranio” un año antes de Hiroshima y las preguntas que hizo a un científico sobre el asunto le pusieron en el punto de mira del FBI durante un tiempo.

Ingrid Bergman está perfecta en el papel de Alicia Huberman, la joven de vida licenciosa reclutada por un agente del FBI (Grant) para seducir nuevamente a un antiguo enamorado (Claude Rains como Alex Sebastian). Esta película fue uno más de los grandes éxitos que la Bergam obtuvo en la década de los 40 (“El extraño caso del doctor Jekyll”, “Casablanca”, “Por quién doblan las campanas”, “Luz que agoniza”, con la que consiguió el Oscar a la mejor actriz, “Recuerda”, “Las campanas de Sta. María”...). En varios de ellos encarnó a mujeres en situaciones límite, al igual que en “Encadenados”, lo que le permitía lucir sus grandes dotes interpretativas con todo tipo de emociones: miedo, angustia, amor...

Era la gran estrella femenina del momento y tenía a Hollywood a sus pies cuando, hastiada de los cauces previsibles por los que discurría su carrera, decidió, después de rodar su tercera y última obra con Hitchcock ("atormentada", 1949),  tomar un nuevo camino profesional que tendría insospechadas repercusiones personales. Pero eso ya es otra historia.

A Grant, “Encadenados” le consiguió lo que llevaba tiempo buscando y ya había rozado con “Sospecha”, su anterior trabajo con Hitchcock: liberarse del encasillamiento como actor de comedias ligeras. Su trabajo en “Encadenados” es excelente: de una manera sobria y realista interpreta un hombre dividido entre el deber y el amor. En realidad, su personaje, T.R. Devlin, tiene una evidente parte oscura (el cinismo con que empuja a Alicia Huberman a los brazos de Sebastian para luego espetarle: "Un hombre no le dice a una mujer lo que ha de hacer, lo decide ella”), que según Marc Eliot, en su estupenda biografía del Grant, también estaba presente en la misma personalidad del actor y que Hitchcock aprovecho hábilmente en la película.

A Claude Rains, “Encadenados” le supuso una nueva nominación al Oscar como mejor actor secundario (premio que ya había obtenido por su papel en “Casablanca”). El triunfo de “Encadenados” se debe, en gran medida, a la grandeza de su actuación. Es uno de los mejores malvados de toda la filmografía de Hitchcock, que era muy consciente de que sus películas dependían en gran medida de elegir bien al actor que interpretaba ese tipo de papel.


Solterón, inmerso en una relación edípica con su madre (y hay que señalar que la Konstantin, realmente, sólo tenía cuatro años más que Rains), el personaje de Alex Sebastian, desesperadamente enamorado de la joven y hermosa Alicia, se gana incluso las simpatías del espectador, a pesar de que, finalmente, el miedo y, sobre todo, el despecho le conviertan, de la mano de su madre, en un envenenador.

La gran diferencia de estatura entre Rains y Bergman favorecía esa sensación de amor no correspondido de Sebastian a Alicia; aunque, como Hitchcock le explicó a Truffaut, esa desigualdad supuso también un reto técnico: para mantener a los dos actores en el encuadre, era necesario que Rains se subiera, en los planos cortos, en unas calzas, y, en los planos panorámicos, tuvieron que recurrir a un falso suelo para disminuir la gran diferencia de estatura entre Bergman y Rains.

“Encadenados” nos ha dejado, gracias también a la gran pericia de Ted Tetzlaff, el director de fotografía, algunas de las escenas míticas de la historia del cine: la cámara bajando desde las arañas del techo hasta la llave escondida en la mano de Alicia; Sebastian besando la mano en la que Alicia oculta la llave; la enloquecida carrera en coche de Grant y Bergman (en las cuatro películas que Grant hizo bajo las órdenes de Alfred Hitchcok hay un viaje en coche semejante)… Y un larguísimo e intermitente beso que logró de esta manera, con las pequeñas interrupciones, burlar al Código Hayes.

Sí, “Encadenados” puede no ser la mejor película de Hitchcock , pero sigue siendo, en su elegante sencillez, una maravillosa película. No sobra ni un fotograma; todo está perfectamente ajustado para conducir al espectador allá donde Hitchcock pretende. Toda la historia está centrada en lo que se ve en la pantalla, porque el resto no le importa.

Es una de las películas más hermosas y sobresalientes en la prolífica y deslumbrante carrera de un director que gozó siempre del favor del público y al que, desde los años sesenta, gracias fundamentalmente a los críticos franceses de “Cahiers de cinéma” (con especial mención a Chabrol, Rohmer y, sobre todo, a Truffaut), se le comenzó a reconocer como un gran creador. En definitiva, como uno de los más grandes cineastas que ha habido.

Yolanda Noir







viernes, 2 de junio de 2017

Un vistazo a la vida y obra de Fernando Fernán Gómez

Fernando Fernán Gómez en un fotograma
de La silla de Fernando
No sé si os he contado que yo me metí en este mundo de los blogs con el único propósito de colarme en los festivales y conocer famosos. El primero lo he conseguido, el segundo ni de lejos; no hemos hecho amistad ni con un ayudante de producción o un electricista. Pero yo no cejo en mi empeño y cada vez que viene un famoso a Donostia me dedico a perseguirlo. Qué queréis, esto no es Madrid y no vienen a menudo. Mi última cacería fue a David Trueba que vino a presentar su novela Tierra de Campos. La acababa de leer y me había encantado y, como Trueba me parece un hombre muy divertido hablando de lo que sea, allí me fui. La presentación no me decepcionó, y me enteré de que al día siguiente había una mesa redonda sobre Fernando Fernán Gómez previa a la proyección del documental La silla de Fernando en la filmoteca. Por supuesto, allí estaba al día siguiente con una amiga que me serviría de coartada si los hermanos Trueba (también estaba Fernando) decidían denunciarme por acoso. La mesa fue muy interesante. Participaban, además de los hermanos Trueba, Luis Alegre y Jesús Angulo.
Participantes en la mesa.
 Obsérvese la cara aterrada de los hermanos Trueba
por mi acoso
Contaron muchas anécdotas divertidas que nos hicieron desear saber más cosas de él. La verdad es que nunca me había llamado la atención de manera especial. Me gustaba como actor, sabía que escribía, había visto alguna película dirigida por él y creía que tenía muy mal carácter. El documental de David Trueba y Luis Alegre aumentó mi interés por el personaje. Muestra una faceta de él desconocida para la mayoría: la de conversador. Por lo visto, eso fue lo que impulsó a los directores a rodar el documental. Decían que disfrutaban tanto en su casa, en las cenas que ofrecía, de su charla, sus recuerdos y sus opiniones, que les parecía una lástima que el público no conociera ese aspecto del actor.
Cartel de Pesadilla para un director

Lo malo de la curiosidad es que de un sitio te lleva a otro y he acabado sumergida en Fernando Fernán Gómez, su vida y su obra. Para empezar, mi compañera-coartada me dejó las memorias: El tiempo amarillo, que os recomiendo vivamente leer cuando tengáis un poco de tiempo. Son apasionantes, pero tienen 700 páginas. La vida de un cómico, hijo natural (como si los otros vinieran en bote) de cómica, al que le tocó vivir la guerra, la posguerra, el franquismo, la censura. Todo lo cuenta  con naturalidad, sin querer dar una imagen ideal de sí mismo (cosa muy frecuente en las memorias) y muestra una vida intensa pero dura. Incluso después de haber alcanzado la fama, la incertidumbre siempre estaba ahí. Quizás no te llamaban para un nuevo proyecto, perdías todo tu dinero invertido en una película que no llegaba a estrenarse por la censura… Al final del libro hay un diario sobre el proceso de creación y rodaje de una película titulada Pesadilla para un rico (de la que nunca había oído hablar) que debería titulares Pesadilla para un director. Jamás me haré directora de cine, las posibilidades de que un proyecto se tuerza parecen infinitas.
Lo que decía de la curiosidad me llevó a releer obras de Jardiel Poncela en las que Fernán Gómez había intervenido y las opiniones del autor sobre él, su primer éxito en Los ladrones somos gente honrada.
Jardiel Poncela, a quién Fernán Gómez
estuvo siempre agradecido
Para terminar mi documentación, fuimos a ver El mundo sigue, película maldita que, por culpa de la censura sólo se estrenó de estranjis en un cine de Bilbao dos años después de rodarla y pasó oculta y desapercibida hasta un reestreno que se produjo en 2015. Iba con expectativas muy altas, los Trueba la pusieron por las nubes, Boyero dice que es una de sus diez películas españolas favoritas, pero me decepcionó.
Ya sé que no se puede ver una película de 1963 con los ojos de hoy en día, me alegro de haberla visto porque hay cosas muy interesantes, pero me parece más de interés antropológico que de disfrute de espectadora. Para empezar con lo bueno mirad qué reparto, vaya lista de actores:
Lina Canalejas, Fernando Fernán Gómez, Gemma Cuervo, Milagros Leal, Francisco Pierrá, Agustín González, José Morales, José Calvo, Fernando Guillén, María Luisa Ponte, Jacinto San Emeterio, Pilar Bardem, José María Caffarel
El argumento es un drama familiar que muestra la miseria económica y moral de la España de esa época. Es el retrato de una familia compuesta por los padres y tres hijos: un chico beato y dos hermanas que se llevan fatal y que optan por dos tipos de vida: una se casa con un sinvergüenza jugador y maltratador, pero es una mujer honrada y decente y la otra se da a la vida inmoral y fácil (que le luce mucho más).
Hermana pelandusca
Hermana decente y desgraciada

A mí me parecía todo sobreactuado y un poco ridículo y, pese a la época, no hay que olvidar que en el mismo año se rodó El verdugo o que Bellissima de Visconti es de 1951 y han envejecido mucho mejor. Con todo, me parece interesante el esfuerzo por mostrar una cara mucho más dura y real de la época de la que se veía en Las chicas de la Cruz Roja o Un rayo de luz y, después de leer las memorias, no me atrevería a criticar  esta película ni casi ninguna.